La alternativa ganadora

Joven, aunque sobradamente preparado, Pedro Sánchez ha explicado el sentido último de su golpe de autoridad al destituir a Tomás Gómez como secretario general del PSM: «Estamos construyendo una alternativa ganadora en Madrid». Podría haber invocado un impulso ético, la búsqueda de la eficacia en la gestión, la guerra púnica de Parla, causas, en fin, que deberían estar apoyadas en algún respaldo objetivo, un sumario con su nombre temblando en el papel, qué menos que una imputación.

Sánchez confiesa que su móvil es electoral, como lo era el de Zapatero cuando fumigó a Simancas por haber perdido seis puntos entre 2003 y 2007. Tras un mes de gestora presidida por Cristina Narbona, se celebró un congreso extraordinario en julio de 2007 en el que Gómez arrasó con el 91% de los votos. Zapatero había construido una alternativa ganadora y nadie mejor para encabezarla que el alcalde que había obtenido el 74,4% de los votos de los vecinos de Parla dos meses antes.

La vida es un ir y venir. Hoy, aquel Simancas es el hombre de confianza de Sánchez para presidir la gestora. Zapatero debió de cansarse de la novedad porque para 2011 quiso construir una alternativa ganadora con Trinidad Jiménez, que ya había probado su tirón electoral propiciando la llegada de su primo Gallardón a la Alcaldía de Madrid en 2003 con mayoría absoluta.

Tomás Gómez no atendió a las sugerencias de Rubalcaba y ganó las primarias a Trinidad y a Zapatero en aquel verano de 2010.

La subjetividad lo llevó a autodenominarse Invictus para las autonómicas de 2011, copiándole a Clint Eastwood el título de su película sobre Mandela. Hubo en su campaña algún préstamo más. Por ejemplo: «Voy a hacer con Madrid lo mismo que Zapatero ha hecho con España». Y con el Partido Socialista, pudo añadir, con algo más de perspectiva. La expresión es deudora de la opinión que el coronel de las SS Ehrhard exponía en Ser o no ser sobre el actor polaco Josef Tura: «Lo que ese actor hace con Shakespeare es lo mismo que nosotros estamos haciendo con Polonia».

Mientras la dirección nacional de Ferraz se aprestaba a tomar la sede del PSM en Callao con guardas de seguridad y un cerrajero, el pobre Victus explicaba los hechos con las herramientas a su alcance: «Una campaña orquestada por el PP y sus aliados». En esa misma línea estaba el medio centenar de partidarios suyos que acudió a Ferraz al grito de: «Tamayazo, dimisión». La culpa, como entonces, de Esperanza Aguirre.

Para ganar en política hay que tener de tu parte al cerrajero. A la afición le gustan estas mañas y la gramática parda, al parecer. También las primarias, aunque como al sustituto Gabilondo no le gustan, parece que se las van a perdonar. El problema del PSOE es su empeño en construir la alternativa ganadora, sin mirar cómo ni con quién. Tras consumarse el desastre Zapatero, ya lo escribí entonces, debieron colgar el cartel de «la familia (socialista) no recibe» y dedicar unos meses a refundar el partido, a redefinir un instrumento útil, sin el cual no hay alternativa ganadora.

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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