Primarias o primerizas

La gran esperanza (uy, perdón) blanca del PSOE para las elecciones de mayo, Ángel Gabilondo, no tiene aún claras las cosas: aún no hay nada decidido y si hablan con él se lo pensará. No sé si él lo sabe, pero es para hoy. Mejor dicho, era para ayer. A partir de la postulación de Amparo Valcarce, todo se hace un poco más complicado. La operación no acababa de gustarle a Iñaki, su hermano mayor. «¿Qué persona inteligente querría meter su cabeza en la boca de este lobo?», se preguntaba en su videoblog; pregunta que tiene mucho de retórica, porque los Gabilondo se saben a sí mismos gente inteligente, hagan lo que hagan.

Parece razonable la idea de que el hermano pequeño haya decidido como primera medida el pase de mí este cáliz de las primarias. Sería muy comprensible. Qué necesidad tenía, un señor con estudios como él, de verse envuelto en una trifulca partidaria sin pertenecer a la parroquia, como le pasaba al pobre Simón. Yo, por aclamación, o nada. Valcarce, criatura del zapaterismo, parece intelectualmente inferior a Gabilondo y seguramente tuvo dificultades con los problemas de trenes y piscinas: «Yo me voy a mojar, yo doy un paso adelante. No hay que esperar a que haya agua en la piscina, sino que hay que llenar la piscina de agua limpia y transparente, y yo voy a llenar esa piscina de agua limpia y transparente».

Pero ha bastado su paso al frente para que la aclamación de Ángel Gabilondo sea un problema de difícil solución para la comisión gestora. Habiendo más de un candidato, las primarias, esa gran herramienta democrática que les ha dado frutos tan insospechados desde Borrell, parecen un trámite insoslayable y no es asunto de que sea la comisión gestora la que elija.

Tomás Gómez está muerto como candidato, pero su cadáver sigue perteneciendo a la Ejecutiva Federal, en la que preside una comisión muy relevante para los trámites que aguardan a los socialistas madrileños: la Comisión de Garantías. Y dará la batalla como el Cid en Valencia, con gran contento de sus menguantes partidarios, de los adversarios de Sánchez y de los zapateristas puros.

La cuestión es que Gabilondo, que carece de conocimientos específicos sobre la Comunidad, estaría llamado a perder las autonómicas. No hay tiempo material y la cosa podría ser aún peor para su autoestima si perdiera las primarias

Mientras, ayer en Barakaldo, el joven Sánchez explicaba la lógica interna de la jugada, el master plan: se trata, en su opinión, de «cambiar el PSOE, para después cambiar España».

Cabe preguntarse si en toda la operación se va a dar la misma prisa. «Si se queda la derecha, no habrá una recuperación justa», dijo Sánchez.

Recuperación y justa son dos términos que en los tiempos que corren componen un sintagma extraordinario, como el de aquella mujer de Manhattan que le decía a Woody Allen: «Yo, bueno, finalmente tuve un orgasmo, pero me dijo mi psicoanalista que no era el adecuado». «¿De veras?», preguntaba cortésmente Allen. «Yo nunca los he tenido así».

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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