El último debate

«Tres millones de empleos es el nombre del autor de este poema», podría haber empezado su discurso Mariano Rajoy, parafraseando a Maiakovski. Lo dijo tres veces al final de su discurso, y lo repitió la vicepresidenta al término de la sesión de la mañana.

Es tradición que los presidentes del Gobierno ganen los debates. El reglamento les permite más tiempo y cierran los duetos. No sé si tener más tiempo supone ventaja o una soga más larga para ahorcarse. Hay que decir en todo caso que Rajoy pareció no querer prevalerse de la ventaja. Quizá por eso repetía tres veces cada concepto. El objetivo de los tres millones de empleos, un suponer.

Este debate era el estreno de Sánchez y el canto de cisne del bipartidismo. Había un barrunto de aire nuevo y se echaba de menos a los que aún son extraparlamentarios: Podemos y Ciudadanos, quizá porque en España las encuestas son institucionalmente más relevantes que la adjudicación de escaños a los votos vía D’Hondt.

La prueba de la agonía del bipartidismo es que sus máximos representantes invocaron a Podemos. Tenía razón Rajoy en su optimismo contenido, aunque no citó el aumento espectacular de la deuda bajo su Gobierno: del 69,2% del PIB al 97,6%. El presidente dedicó casi tanto tiempo a hablar de Grecia como de España y a invocar la figura del ausente, bien con cita nominal, bien con su alerta «contra los vendedores de remedios mágicos». También dejó un recado contra C’s, vía Garicano, al recrearse en los que nos «empujaban para que pidiéramos el rescate». Sánchez se situó en la mediatriz entre Rajoy e Iglesias, in medio virtus.

Se estrenó Sánchez y lo hizo con soltura, garbo y gracia expresiva. Lástima que los datos no le acompañaran, que sus únicas propuestas fueran promesas abolitorias y que cometiera una pifia de principiante: leer la réplica. No es que no se pueda; es que le quita gracia y lógica al debate. Fue algo estupefaciente oírle reprochar el dineral que ha gastado el Gobierno en indemnizar a la plataforma Castor, cuya concesión fue autorizada por el ministro de Industria Sebastián en 2008. Sánchez debería consultar el blog Malaprensa antes de afirmar que las españolas cobran un 24% menos que sus compañeros de trabajo. Pedirle cuentas a Rajoy por el independentismo catalán podría hacerlo cualquiera, siempre que no tuviera relación alguna con el PSC ¡ni con José Luis Rodríguez Zapatero!

Young Sánchez se proclamó un político limpio, y sin duda lo es, pero lo de ayer no era un duelo personal y Sánchez es el heredero de toda la historia del PSOE, de sus páginas limpias y de los borrones. Mentarle a Rajoy la bicha, con Chaves sentado en uno de aquellos escaños, con lo que viene por Andalucía, no es una acción prudente. Alguna vez he escrito sobre la tendencia de los gobiernos a acogerse a la herencia recibida. A los socialistas les duró más de dos legislaturas la Guerra de Irak. Pero Sánchez hizo mal en provocar. Y Rajoy, al perder los papeles en su lamentable exabrupto final: «No vuelva aquí a no decir nada. Ha sido patético».

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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