Y tó pa’ ná

EL MUNDO 23-3-15

Susana Díaz no había nacido todavía cuando el cineasta Luciano Salce rodó su película Colpo di Stato. Ambientaba la historia en unas elecciones italianas que incorporaban la informatización del cómputo de los votos. La ruta del escrutinio comienza con los barrios obreros y a lo largo de varias horas se da por hecho que el PCI va a ganar las elecciones, dando lugar a una noche de equívocos que se deshacen al llegar la mañana y descubrirse que seguiría gobernando el centro-sinistra, como siempre. Algo parecido ocurrió en el recuento del referéndum del Estatut de 2006. Los datos de la Generalidad daban insistentemente una participación superior al 50% hasta que a última hora cayó el dato que se estaba soslayando: sólo fue a votar el 49,41% de los catalanes.

Algo parecido debió de experimentar Susana Díaz cuando en los primeros compases del baile se le atribuían 64 escaños, en un recuento modélico en rapidez y eficacia. Es de suponer que en Ferraz, el joven Sánchez lo vivió al revés, alimentando su esperanza con cada escaño que se le caía a la presidenta socialista hasta que el PSOE empató consigo mismo, al obtener los 47 escaños que ya tenía. A finales del pasado mes de enero, Susana Díaz disolvía el Parlamento andaluz y convocaba las elecciones autonómicas que se celebraron ayer. La razón del adelanto, según sus propias palabras, era que su socio de Gobierno «restaba estabilidad, solidez y fortaleza, y sin garantías ni estabilidad no estaba dispuesta a gobernar».

Izquierda Unida fue con Valderas un socio pastueño de Gobierno y la presidenta le va a echar mucho de menos en la próxima legislatura. Ahora tendrá que explicar dónde va a buscar la fortaleza, las garantías y la estabilidad. Aparte de la posibilidad de la gran coalición, antes sólo tuvo la alianza de IU y ahora puede optar por dos alianzas alternativas: Podemos o Ciudadanos, ambas más complicadas que su sociedad anterior. ¿Y tó pa’ qué?, puede preguntarse la vencedora. Y tó pa’ ná, podría responderse, aunque le haya salido gratis su desastrosa campaña, la pérdida de los debates en TV y, como ya es habitual en toda España, la corrupción atribuible a su partido.

Los dos grandes perdedores son el PP e IU, que se han desplomado electoralmente: el primero ha perdido el 34% de su representación y la segunda, el 58%. Lo que no acaba de ver uno por más que examine los resultados de todas las maneras posibles es el fin del bipartidismo. Los dos grandes partidos, aunque han perdido en conjunto 600.000 votos, ocupan las tres cuartas partes de la Cámara. El tercer partido es más que doblado por la segunda fuerza política y más que triplicado por la primera. Podemos ha alcanzado unos resultados notables en su primera comparecencia, más si se tiene en cuenta el liviano equipaje intelectual de su candidata a la Presidencia. Sin embargo, el cambio en el mapa político que supone su irrupción no es muy apreciable. La suma de sus escaños con los de Izquierda Unida-Los Verdes-Convocatoria por Andalucía alcanza exactamente el mismo número de escaños que obtuvo la Izquierda Unida de Anguita con Luis Carlos Rejón como candidato el 12 de junio de 1994.

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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