Sin enmienda

Viene resultando, decía el gran Pedro Sancha, que los candidatos del PP para las municipales y autonómicas de mayo quieren minimizar en lo posible la presencia de Rajoy en sus campañas. Manda huevos que dijo Trillo, incorporando locución castiza al protocolo parlamentario, aunque uno lo entiende sólo hasta cierto punto. Los alcaldes y los barones han visto que el político más mediocre de España, Artur Mas, se permite ningunear al presidente del Gobierno y ellos mismos se han venido arriba.

Hay varias razones que lo explican. La derecha española ha interiorizado en determinadas circunstancias la falta de autoestima que acertó a definir Groucho Marx: «Nunca pertenecería a un club capaz de aceptarme como socio». Por otra parte, hay en ella una tendencia natural a la dispersión en taifas regionales y locales que constituyen su verdadero ser. El PP es la yuxtaposición de todas ellas y sólo en una ocasión fue capaz de superar la dispersión, bajo el hiperliderazgo de Aznar. El de Rajoy, para qué nos vamos a engañar, es más flou y ha permitido que cada cual haya ido a lo suyo.

Encuentran los señores del PP que hay un desgaste de la marca, apreciación en la que nadie podría contradecirlos, y también consideran que hay escaso reconocimiento a la mejora económica. El PP ha imitado con relativo acierto los particularismos nacionalistas, especialmente en su habilidad para atribuir los fracasos económicos a la falta de competencias que les impide gestionar sus economías, al mismo tiempo que se atribuyen todos los éxitos de la política económica común cuando da frutos. Rajoy ha venido pregonando de manera incansable un hecho indudable, como es la mejora de la economía y ahora resulta que los barones y candidatos creen que están en mejor posición para reivindicar el crecimiento del PIB y las buenas expectativas de creación de empleo que los organismos internacionales nos atribuyen para futuro.

Las elecciones andaluzas han creado una conmoción considerable en el Partido Popular, que es, junto a IU, el gran derrotado del pasado día 22. En su análisis, erraron al sembrar el miedo a Podemos, ya que eso llevó a los andaluces al voto útil socialista. Este argumento lleva implícito un razonamiento curioso: resulta que Rajoy, no ha tenido el poder de convicción suficiente para inculcar a los españoles la idea de que la economía estaba mejorando, aún contando con la evidencia de los datos y sin embargo, sí han conseguido convencerles de que Podemos es un peligro.

La cuestión es que el PP considera que Podemos es un peligro, pero cree que Ciudadanos es una amenaza más grave, porque le ha dado un buen mordisco electoral en Andalucía el pasado 22 y amenaza con hacer lo propio en mayo. Entre las amenazas a la democracia española y a los resultados electorales propios no hay duda. Ni propósito de la enmienda. El PP, como todos los partidos, renuncia a la idea de seducir a sus votantes y prefiere las estrategias agresivas contra sus competidores. Es lo que hay.

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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