La vaca del ‘aitite’

El Aberri Eguna es para un servidor un clásico, como para Vicent la primera corrida (de toros) de la temporada, y uno se debe a los clásicos. Se trata de una fiesta del nacionalismo vasco, instituida el domingo de Pascua en recuerdo del día de 1882 en que Sabino paseaba con su hermano Luis por el jardincillo de su casa de Abando, y éste lo convenció de que él no era español: «Bendito el día en que conocí a mi Patria y eterna gratitud a quien me sacó de las tinieblas extranjeristas», escribió Sabino, con una confesión algo turbadora. ¿Puede un vasco-vasco tenerse por español hasta los 17 años? ¿Tan poco evidentes son las diferencias?

Medio siglo después se celebraba en aquel mismo lugar, ya convertido en sede del PNV, el Aberri Eguna (Día de la Patria). Prohibido durante toda la dictadura, tuvo que llegar la Pascua de 1977 (la víspera había sido legalizado el PCE) para que el nacionalismo convocara una gran manifestación que fue secundada por todas las fuerzas democráticas. «Algo hemos debido de hacer mal cuando todos nos siguen», debieron de pensar los burukides nacionalistas. Y desde aquel mismo día se aprestaron a huir del consenso, fijando otra fiesta en la que pudieran estar orgullosamente solos: el Alderdi Eguna (Día del Partido) que se celebra desde entonces el último domingo de septiembre en una campa alavesa. El Aberri se celebra en la Plaza Nueva de Bilbao, como ayer mismo.

Habló el lehendakari de la recuperación económica, pero en plan desagregado: «Euskadi está saliendo de la crisis en 2015 y va a crecer en 2016». Quizá tendría que haber añadido el copyright: «Eso dice Rajoy cada vez que tiene ocasión». Él cree, sin embargo, que la recuperación de Euskadi obedece a causas puramente endógenas, un milagro: nos quejamos de que nos nieguen los instrumentos de política económica para poder decidir el futuro de nuestro pueblo, pero nos apuntamos el mérito exclusivo de haber traído la bonanza.

El presidente del partido cargó con la intervención doctrinal en la que tiró de imaginería agropecuaria al comparar a la Izquierda Abertzale con la vaca de su aitite (abuelo) que, apenas ordeñada, daba una patada al cubo y derramaba la leche. Jamás pudo emplearse una metáfora más sugerente: el PNV ordeñaba la vaca etarra y esta se vengaba volcando el balde con la pata trasera.

No se olvide que uno de los jefes históricos de la banda ha sido Josu ‘Ternera’ y que en tiempos remotos hubo un jefe, Xabier Zumalde Romero ‘El Cabra’, ordeñado por el PNV que le encargó las escuchas a Carlos Garaikoetxea. Ibarretxe también invocaba al buey de su aitite: «Recuerda, Juanjo, que hay que andar por donde pisa el buey», pero a éste no le ordeñaron nunca por razones obvias, quizá para no incurrir en esfuerzos baldíos. Si me perdonan la tonta vanidad de la autocita, hace ya mucho que tengo acuñada la metáfora de que el Estatuto no es para el PNV más que la banqueta de ordeñar la vaca.

Ortuzar también tuvo su rapto ensoñador, su momento de asaltar los cielos, como Iglesias Turrión, pero con retórica menos belicista: «Soñamos con ser una estrella en el cielo de Europa y seremos una estrella en el cielo de Europa». Esta es una reivindicación de cuando el presidente del EBB era todavía un periodista. Hace ya tres décadas que se fijó la bandera europea con 12 estrellas doradas sobre fondo azul. Los países miembros eran 12 y el PNV proclamó su voluntad de ser la decimotercera (la treceava, decían los más castizos) en la creencia de que cada nueva incorporación añadiría una estrella. No hubo tal. La UE tiene hoy 28 miembros y su bandera sigue teniendo 12 estrellas. Euskadi no será nunca la número 13, y mejor así, que el número trae mal fario.

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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