Ley ‘boomerang’

Juan Fernando López Aguilar fue el ministro de Justicia de Zapatero que impulsó la Ley contra la Violencia de Género, la primera ley del zapaterismo (01/2004), aprobada el 28 de diciembre de 2004 y publicada al día siguiente en el BOE.

Han pasado 10 años desde entonces, un tiempo adecuado para haberla revisado a la luz de los hechos y para comprobar si ha servido para corregir el problema o no. La Ley contra la Violencia de Género ha demostrado lo que era de temer, que siendo todas las causas que se invocan corresponsables de esta lacra, ninguna de ellas es determinante y siempre es posible buscar un contraejemplo. La falta de igualdad, el bajo nivel de educación y la pobreza son el humus privilegiado para que arraigue la flor negra de los malos tratos. Pero en los países escandinavos, con igualdad, educación y alto nivel de renta, los suecos pegan a las suecas como una vida mía. O sea, que tal vez haya en el macho de la especie humana un impulso atávico de dominación y conquista de la hembra que, sin los inhibidores adecuados, da lugar a la violencia.

No violentaré la presunción de inocencia de López Aguilar hasta el día del juicio, pero hay una cierta justicia poética en el hecho de que uno de los principales impulsores de la ley haya sido víctima de sus más evidentes defectos: que en ella se presuma la culpabilidad del denunciado y que se vulnere un principio constitucional elemental, como la igualdad de todos (y todas) ante la ley. Víctima, pero no mucho. Él pidió la suspensión de militancia a su partido, y el PSOE lo suspendió ayer mismo y envió al Grupo Socialista del Parlamento Europeo su decisión de que sea apartado del grupo para figurar entre los no adscritos. No entrega su acta de eurodiputado porque su escaño es la garantía de su aforamiento, de que, en todo caso, será juzgado por el Tribunal Supremo y no por el juez natural en uno de esos juzgados creados ad hoc para aplicar una ley inadecuada con criterios ideológicos por jueces altamente motivados. Y motivadas, claro.

Los dos posibles desenlaces de este caso dan pie para la reflexión. Si López Aguilar fuera encontrado culpable, sería un duro trance para la autoproclamada superioridad moral de la izquierda. Mientras el PSOE proclamaba esta ejemplaridad, no como otros, su filial vasca era el único partido de Europa que tenía como presidente a un condenado por malos tratos.

Pero supongamos que es inocente, tal como proclama, y que está siendo víctima de una denuncia falsa. Habría sido víctima de una ley, su propia ley, que lo permite. Recuerden que al ya ex diputado Toni Cantó le cayó hace un par de años la intemerata de manos socialistas (Carmen Montón, Elena Valenciano, Ángeles Álvarez, Eduardo Madina y Miguel Ángel Cortijo, un suponer) por haber dicho en Twitter que la mayor parte de las denuncias eran falsas, aunque cuatro horas después retirase la generalización.

Éste es un momento adecuado para que el Gobierno reexamine una ley inadecuada e ineficaz, y para que el principal partido de la oposición, que la impulsó, se dé a razones tras haberla sufrido en carne propia.

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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