Pero qué necesidad

EL MUNDO – 10/04/15

Los dirigentes del PP parecen tener la rara creencia de que los españoles, en general, y sus votantes en particular, son homogéneos y se manifiestan con idéntica consistencia en todos los terrenos: mantienen posiciones firmes en materia antiterrorista, creen a machamartillo en la unidad de España, son recelosos ante el Estado del Bienestar, radicalmente contrarios a la despenalización del aborto, partidarios de endurecer el Código Penal para hacer frente al delito y no hay entre ellos ningún vegetariano.

Esto, naturalmente, no es así y los dirigentes del PP deberían preguntarse por qué su presidente Aznar (y el nuestro), un duro en la lucha antiterrorista, sabía captar los votos de los nacionalistas vascos y catalanes como antes lo había hecho Felipe González, o sea, con dinero. Pero el presidente Aznar vivió dos legislaturas con una Ley del Aborto aprobada por el Gobierno socialista en julio de 1985, sin mostrar la más mínima incomodidad. Y con razón. La opinión pública española no se mostraba alborotada, aunque la ley era manifiestamente mejorable. En la práctica, el tercer supuesto, el de la salud psíquica de la madre, era un coladero que permitía abortar en España a ciudadanas europeas que habían superado los plazos contemplados en las leyes de sus respectivos países.

El dúo Aído-Pajín elaboró en 2010 una ley de plazos en la que calificaba el aborto como un derecho y se les permitía a las adolescentes de 16 años («mujeres», se decía en la ley con alguna hinchazón retórica) sin necesidad del consentimiento de sus padres. El Estado se ofrecía como cómplice y encubridor de fechorías adolescentes. Al PP le habría debido bastar con eliminar esto y con la eliminación del aborto como derecho: un derecho supone para terceros el deber de satisfacerlo, por ejemplo, para médicos creyentes.

En esto llegó Gallardón, un hombre con fama de progresista entre sus pares y el error de perspectiva señalado arriba. La excarcelación del terrorista Bolinaga y las que siguieron a la sentencia del Tribunal de Estrasburgo contra la doctrina Parot soliviantaron a parte sustancial de sus votantes. Y trataron de compensarlos endureciendo la Ley del Aborto, volviendo a los supuestos, pero restringidos, eliminando el de la malformación del feto. Qué disparate. El carajal fue de tal calibre que Rajoy retiró el proyecto y Gallardón dimitió. El Gobierno tiene ahora un problema, Hernando y Floriano quieren llevar paz al Grupo Popular, mediante una ley de plazos que no invoque el derecho y elimine la potestad adolescente. Pero a sus diputados provida no les basta y el Gobierno no puede permitirse que la disensión aflore en el Hemiciclo. Pero qué necesidad tenían.

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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