La decepción del maestro

EL MUNDO – 16/05/15

Estaba yo dándole vueltas al cuaderno de campaña que escribió mi columnista alterno, Antonio Lucas, sobre Periodismo y Literatura, cuando me encuentro en El País con la entrevista a Monedero de Juan Cruz, eterno jefe de las páginas literarias y culturales.

Hace ya bastante más de un siglo que Oscar Wilde estableció una diferencia radical entre la literatura y el periodismo: la primera no se lee y el periodismo no se puede leer. La entrevista da juego, aunque si es usted uno de esos empecinados que quiere la explicación que aún no ha dado sobre su colaboración con Venezuela y el paradero de los 425.150 euros, no la encontrará aquí, más vale que lo sepa. Sí hallará literatura, aunque uno en el periodismo prefiere encontrar facticidad, si hay que elegir.

Y Monedero explica cosas. Por falta de espacio sólo referiré dos: «Un alumno nunca decepciona a su maestro». Hombre, Judas Iscariote, sí. Se nota, por otra parte, que no ha leído/visto La lengua de las mariposas. Don Gregorio no volvió del paredón para contarlo, pero yo creo que algo decepcionado sí debió de sentirse al ver a Moncho, su alumno preferido, tirándole cantazos y llamándole espiritrompa mientras se lo llevaban en la camioneta. Pero por ponernos al nivel más intelectual de Juanqui, Heidegger, maestro de la joven Hannah Arendt hasta en la cama, también tuvo que sentir el mordisco amargo del desengaño: la alumna le cortó el acceso y en lo ideológico, para qué nos vamos a engañar, le salió rana. Un alumno no decepciona a su maestro sólo si no espera nada de él.

Luego están sus citas históricas. Para explicar que Podemos ha abandonado a la gente por la televisión, explica: «Nosotros entendimos que la televisión era el tren que los alemanes pusieron a Lenin para ir a Finlandia. Pero coño, luego tienes que bajarte del tren…». No, mira, el tren que cogió Lenin el 3 de abril de 1917 era para ir a San Petersburgo a empezar la revolución. Otra cosa es que cuatro meses después, tras el fracaso de julio, se fuera temporalmente a Finlandia. Y suelta la metáfora de la tele como un tren el mismo día en que nos enteramos de que ha fichado como tertuliano de Las mañanas de Cuatro, con la ilusión que esto le habría hecho a Cintora.

Tampoco puede presumir el número dos, el niño de la beca, que en la primera tribuna que le publicaron en El País escribió que «todos (los países de la UE) entraríamos en un descomunal juego de suma cero: todas las partes perderían». El problema no es que el doctor Errejón esté ayuno en teoría de juegos. Es que desconoce la suma de los números enteros. Luego está la Krupskaia Tania Sánchez, recuperada para Podemos –y quién sabe si para el amor– mientras termina la lectura de La ciudad mágica, de Thomas Mann, y La montaña de los prodigios, de Eduardo Mendoza, aunque a veces se le trabuquen los títulos.

A Monedero, condenado por el periodismo, le salva la literatura. Más precisamente, la poesía: cada vez que se me cruza me viene a la cabeza la paráfrasis de Machado: «Anoche, cuando dormía/ soñó, bendita ilusión/ que un Orinoco fluía/ dentro de su corazón».

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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