Pactos neobarrocos

Valencia es plaza dada al barroco, qué digo al barroco, al churrigueresco, que es una variante compleja y abigarrada del barroco español; su culminación, podríamos decir. De ahí que haya arraigado en pueblos con almas atormentadas e hiciese fortuna en México y que aquí, en España, a pesar del poso que dejó su paso (tomen aliteración) por tierras salmantinas, donde mejor se ha acomodado al ser de los aborígenes ha sido en Valencia. Está el palacio del Marqués de Dos Aguas y luego, las fallas.

Sin olvidar, por supuesto, la forja de los pactos de gobierno en la comunidad y los municipios. Recordemos sin ánimo exhaustivo alguno de los lances más vistosos del proceso: el primer acuerdo para lograr un pacto de izquierdas que tuvo como resultado la designación como futuro alcalde de Valencia de Joan Ribó fue saludado con entusiasmo más bien contenido por el PSPV, que no podía entender que sus socios se mostraran tan renuentes a la idea del quid pro quo: yo te doy la Alcaldía de Valencia y tú me das a cambio la Presidencia de la Generalidad.

Parecería lógico. Los cuartos ayudan a los segundos a dar el salto a los primeros, y en justa reciprocidad, los terceros ayudan a los segundos a aparentar que han ganado las elecciones autonómicas. Lo que pasa es que la dirigente de Compromís, Mònica Oltra, tiene razones que la razón, propiamente dicha, no entiende. Hay que comprenderla: el poder engolosina mucho y una vez conseguida la Alcaldía es cuestión de empujar un poco más para hacerse con la Presidencia autonómica.

Las negociaciones se rompieron. No es que Ximo Puig estuviera en contra o albergara reticencias acerca del programa de izquierdas. Tampoco Oltra. Lo que pasa es que la verdadera esencia del carácter de clase de los programas políticos está en la adscripción partidaria del candidato y un presidente de la casta no es tan adecuado como uno del pueblo. O sea, ella misma.

Ximo Puig prefiguraba a mediodía el acuerdo presentado por la tarde, mostrándose convencido de que «vamos a ser capaces en esta segunda fase de mejorar la primera». Y como decía la vieja canción infantil de los elefantes y la tela de la araña, «ahora viene la tercera que es la más interesante». O sea, saber si Puig se saldrá con la suya, la investidura, o Compromís y Podemos van a aplicar dentro del tripartito la misma lógica que los tres han aplicado al PP: 19 escaños de Compromís más 13 de Podemos suman nueve más que los 23 del PSPV.

Mientras, Susana Díaz, que ha preferido el aburrido confort del pacto con Ciudadanos, era investida ayer presidenta de la Junta de Andalucía. El acuerdo programático tripartito promete emociones fuertes y una legislatura entretenida: banco público, agencia tributaria propia, reestructuración de la deuda, refundación de la radio y la televisión públicas valencianas, tan rentables, y la exigencia al Estado de una financiación adecuada para poder garantizar la prestación de los servicios públicos. A ver, alguien tendrá que pagar estas misas.

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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