Privado y público

Bueno, pues al parecer, el concejal Zapata no es un miserable, sino un freudiano estricto que desarrollaba en Twitter un seminario sobre El chiste y su relación con el inconsciente, libro que Freud escribió en 1905, al mismo tiempo que Tres ensayos para una teoría sexual, lo cual viene a explicar que a Zapata se le fuera la olla una y otra vez a las niñas de Alcàsser y a Marta del Castillo.

No es lo mismo. Un brillante columnista a quien admiro –si mi pistola valiera tu teclado, le habría escrito aproximadamente Machado– decía ayer que Zapata, con los tuits sobre las mutilaciones de Irene Villa y su síntesis de los judíos en el cenicero, «dejó de representar a víctimas de ETA y del Holocausto que se han sentido ofendidas». ¿De verdad son esos los colectivos ofendidos? ¿Qué quiere decir crímenes contra la humanidad? ¿Es preciso ser la hermana de Joxeba Pagaza, de Gregorio Ordóñez o de Miguel Ángel Blanco para que te horrorice la impiedad?

Los asesinos practicaban el mismo humor negro de Zapata cuyos límites desconoce la alcaldesa. «Gregorio, devuélvenos la bala; la necesitamos», dijeron a la familia Ordóñez tras el crimen. Billy Wilder, que había perdido a su madre, a su padrastro y a su abuela en Auschwitz, fue uno de los encargados del programa de desnazificación tras la guerra. Le presentaron un proyecto para hacer una película sobre la pasión de Cristo, en la que un actor, conocido nazi, iba a interpretar el papel principal. «Sólo con una condición», dijo Wilder, «que los clavos sean de verdad». He aquí un ejemplo de humor alternativo.

Pero lo relevante es el ámbito. Carmona tiene una experiencia en esto aunque muy probablemente no haya leído nunca a Freud. Zapata sí, que por algo lo eligió esa abuela consentidora para concejal de Cultura. Antonio Miguel tuvo que dimitir de la Asamblea de Madrid el 12 de diciembre de 2002 por hacer un comentario en privado sobre los beneficios electorales para su partido del naufragio del Prestige. «Y si hace falta, hundimos otro barco», comentó.

El chiste, más o menos de mal gusto, de Carmona, fue, ya digo, privado e incruento. Los tuits de Zapata, inevitablemente públicos. En la inauguración de una piscina municipal en un pueblo, uno de los usuarios es expulsado ignominiosamente por mear en ella. «Pero, ¿por qué?», protestaba el hombre, «si todo el mundo lo hace…». Sí, le explicaron, «pero es que usted lo ha hecho desde lo alto del trampolín». Supongamos que ve usted pasar a una mujer impresionante, de esas que llevan a musitar al maestro Alcántara su jaculatoria preferida: «¡Hija de mi vida!». Nada tengo contra la jaculatoria privada o contra que usted haga partícipe de sus sueños húmedos al amigo que lleva al lado. Pero deberá abstenerse de hacerlos públicos más allá de su intimidad, decirle a la mujer que pasa, ajena a todo, y principalmente a usted lo que usted estaría dispuesto a hacer con ella, sustituyendo a la guillotina y al Gallardón, que constituyen el oscuro objeto de deseo del concejal Soto, por una cama y esa mujer. Joder qué tropa.

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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