La utilidad del Senado

Viene a resultar que la señal más certera del declive electoral de los partidos políticos se manifiesta en una creciente presión sobre el Senado para acomodar en la Cámara Alta a los elefantes moribundos del partido. Esto lo sabíamos por las películas de Tarzán: al sentir que se les avecinaba su hora final, los grandes paquidermos cogían el sendero sin retorno, camino, camino verde que va a la ermita y allí se tumbaban a la espera del final.

Bueno, pues el cementerio de elefantes en la política española es el Senado. Han pasado 38 años desde que se constituyó el primero de nuestra vida democrática y todavía no sabemos para qué sirve, asunto más peliagudo si cabe que el que atormentó al pobre padre de Joaquín Sabina, honesto comisario de Policía que en su hora final tenía una pregunta que lo inquietaba: «Ya quisiera yo saber de dónde sacan tanto dinero las diputaciones provinciales». El hombre se imaginaba a las del régimen común. Ni siquiera se atrevía a plantearse lo de las vascas.

Fabra ha renunciado a su cargo en el Consell Jurídic Consultiu, pero no a los privilegios que le otorgaba su condición de ex presidente autonómico: despacho, coche con chófer y dos asesores, que compatibilizaría con su condición de senador. También podría ser legalmente compatible su escaño senatorial con el de diputado en las Corts, pero después de ser preguntado por este periódico emitió un comunicado en el que consideraba difícilmente compatibles ambos cargos. En consecuencia se conformará con su puesto en el Senado y sus privilegios de ex presidente ya citados. El senador Fabra siempre ha sido un hombre austero.

Algo parecido le ocurre a Rita Barberá, alcaldesa de Valencia durante los últimos 24 años, en los que ha compatibilizado la vara de mando con el escaño de diputada autonómica que ostenta desde 1983. O sea, hace 32. Al parecer, Barberá sí considera compatible la condición senatorial y la de diputada en las Cortes Valencianas, aunque las visitaba poco, porque no ha hecho amago de renunciar a ninguna de sus dos actas.

En el cementerio de elefantes se amontonan los cadáveres políticos de los antaño orgullosos jefes de la manada: José Montilla, que fue a parar allí cuando los votantes le encontraron un sucesor a su medida en Artur Mas. Allí se encuentran también: Francesc Antich, presidente que fue del Gobierno balear hasta mayo de 2011; el otro presidente de la Generalidad Valenciana, Joan Lerma, y el gran Marcelino Iglesias, que ahora tendrá la ocasión de dar la bienvenida a la mujer que le dio puerta en el Gobierno de Aragón, Luisa Fernanda Rudi. También se les sumará el ex presidente de La Rioja Pedro Sanz y algunos otros descabalgados. El PP justifica este pasadizo interior porque han sido los más votados aunque hayan sido apeados por una coalición de perdedores.

Llegados a este punto, mamá yo quiero saber de dónde son los cantantes, de dónde sale la pasta de las diputaciones y para qué coño sirve el Senado. Mañana me empezaré a preguntar por la finalidad del Consejo de Estado.

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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