En cuarto menguante

El presidente de Convergència, Artur Mas, ha convocado para la próxima semana una cumbre (sin exagerar) para tratar con sus pares de la lista sin políticos para el 27-S. De la lista del president a la lista del pueblo llano sin intermediarios. ¿Quién quiere especialistas en el caso de que Mas lo sea? El miércoles pasado, el president fue interrogado en el Parlamento catalán sobre su intención de presentarse o no hacerlo a las elecciones que él anunció para dentro de 79 días. «Eso no lo respondo yo aquí», dijo.

Un gobernante, dizque democrático, en el mismo Parlamento que lo invistió el 21 de diciembre de 2012. Y, ¿dónde podría un gobernante dar cuenta de sus planes, si no es en el Parlamento? Se me ocurren un par de alternativas: tal vez un susurro ante la tumba de Guifré el Pilós, o, mejor aún, en una notaría. Éstos fueron los lugares elegidos por Mas en la campaña de 2006 para jurar al difunto y prometer al notario que no establecería pactos de gobierno estables o permanentes con el PP.

El notario no se lo tomó como una cuestión personal y se limitó a dar fe de lo que el compareciente afirmaba y a cobrar la tarifa. Artur Mas no tuvo ocasión de demostrar nada, porque la Presidencia se la madrugó José Montilla, qué vergüenza, pero cuando sintió llegada su hora en 2010, lo primero que hizo fue firmar un pacto con Alicia Sánchez-Camacho para aquella legislatura demediada 2010-2012. Él no dio explicaciones por aquel magreo sobre el acta notarial. Ella, tampoco.

El ministro de Asuntos Exteriores, que ha ejercido a lo largo de toda la legislatura como un ministro para los Asuntos Catalanes, ha tenido una ocurrencia analógica razonable: «Una lista sin políticos es como una alineación del Barça sin futbolistas». No es una ocurrencia descabellada, tal como están las cosas. Se podría alinear en la punta del ataque a Oriol Junqueras, auxiliado en los flancos por David Fernàndez y el presidente de la ANC, Jordi Sánchez. En justa compensación el Govern resultante podría fichar como conseller de Hacienda al papá de Leo Messi, que parece un hombre versado en la materia.

Se queja este cuarto menguante, camino de su luna nueva, de que «el Gobierno negoció con ETA y no conmigo». Hace falta ser membrillo. E indocumentado. Un dirigente democrático, quejándose de que no le tratan como a un jefe de la banda terrorista, que no quieren negociar con él. No es un lamento compatible con los hechos. Cuando Rajoy llegó a La Moncloa, ETA lo había dejado dos meses antes y desde entonces, que uno sepa, no hubo negociación alguna entre el Gobierno de España y los terroristas vascos. El Ejecutivo anterior sí negoció con ETA, pero también lo hizo con él, recuerde aquella noche de los cigarros largos en que Zapatero y Mas violaron la ley antitabaco y pactaron el Estatut y la salida de Maragall de la Generalitat (enero de 2006).

Y luego, honorable president, debería usted apuntar un par de diferencias. La primera: «Nosotros no matamos». Y la segunda que le sugiero: «Aquí, al impuesto revolucionario lo llamamos FLA».

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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