El pelotón cultural

Debo confesar una nostalgia antañona cada vez que veo a las autodenominadas fuerzas de la cultura, ese pelotón spengleriano tan dispuesto a salvarnos. Hay sintagmas que se me grabaron a fuego en la memoria. Manifiesto-Programa de 1975: la alianza de las fuerzas del trabajo y de la cultura nos conduciría a la democracia política y social, antesala del socialismo. Así se me representaba a mí la larga marcha: como un interminable tránsito de pasillos.

Lean el manifiesto: después de todo la cultura era esto, hay que joderse. Luego, al leer la lista ya se comprende todo: encabeza la relación Pedro Almodóvar y le siguen: Ma Dalton, perdón, Ma Bardem, Juan Diego Botto y Aitana Sánchez-Gijón. Aitana, la cuarta, sube mucho el nivel, la apadrinó Alberti y ha hecho tablas con Vargas Llosa. Si se negara a dar entrevistas sería perfecta. Se echa en falta más glamour: Miguel Bosé, que jugaba de niño entre las piernas de Picasso, amigo de sus padres; Ana y Víctor, en fin, los de siempre. Excuso tratar el deplorable manifiesto. Lean la columna que publicó ayer Espada. No se puede decir más.

Sean lo que fueren las fuerzas de la cultura, uno cree que si vieron la intervención que tuvo el sábado en Vallecas Pablo Iglesias, llamando a la pobre IU «pitufo gruñón», debieron ponerse en posición prevengan. Ese mote es muy revelador del personaje y sus mundos de Yupi, una vida intelectualmente forjada entre programas de la tele: entre Los Pitufos y Juego de Tronos, y entre ambos, ser alumno de Monedero en la Complu. Mírenlo desde este punto de vista y verán cómo les aflora la piedad. Incluso al oírle en Vallecas constituirse él solo en el 7º de Caballería en auxilio de su amigo griego: «Aguanta, Alexis, que ya llegamos».

Sorprendentemente, las fuerzas de la cultura o así no han escrito un manifiesto para preguntarle: quiénes, adónde y para qué. El suyo reclama la unidad de la izquierda, calificada de «chantaje» por Iglesias con un cálculo electoral impresionante: la plataforma Ahora en Común les iba a quitar 500.000 votos, dos escaños para ellos, aunque a Podemos le quitarían 30. ¿Y a esto le llaman democracia?

No les interesa tener lío con los intelectuales y artistas, por eso ayer salieron a quitarle hierro al tema sin desdecirse. Para enmendar las palabras del secretario general pusieron ante la prensa a un chico que tenía el aire del pastorcito Jacinto, después de haber visto a la Señora sobre la encina de Fátima. «No es un chantaje», dijo el muchacho, «sino un emplazamiento público». Don Vito lo había expresado mejor: «Una oferta que no se puede rechazar». Porque esto de la unidad de la izquierda es un desastre histórico desde el Frente Popular hasta Syriza, su última concreción, pasando por el Chile de Allende, pero la izquierda no renuncia. Hasta el corralito y más allá.

Les vinculan la sintaxis y el totalitarismo, aunque ni Pablo Iglesias es Stalin ni entre los firmantes se avista ningún Pablo Neruda. «La raza degenera», ya se lo decía Pepe Isbert a Nino Manfredi evocando el cuajo que tenían los ajusticiados de antaño.

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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