Apurar tiempos

Una de las leyendas urbanas que más ha contribuido a extender el PP es la de la habilidad del presidente del partido y del Gobierno en el manejo de los tiempos políticos. Ésta es una cualidad que a los presidentes del Gobierno se les supone, como se suponía antiguamente la del valor de los soldados, antes de que Aznar declarase el fin de la mili obligatoria. También lo cantaban los socialistas de Zapatero hasta mayo de 2010.

Sin embargo, el manejo de los tiempos le lleva al presidente a apurar mucho los límites en su toma de decisiones. Un suponer, al decidir que el candidato del PP a las elecciones catalanas va a ser Gª Albiol y no la hasta ayer presidenta del PPC, Alicia Sánchez-Camacho, justo 60 días antes de la cita con las urnas. No es la primera vez que apura mucho el calendario como si temiera designar a un candidato, ya pasó con Cifuentes, como si su conocimiento por los electores le fuera a indisponer con su voluntad votante. Como si fuera mejor que no les conociesen.

Las encuestas habían desahuciado a Sánchez-Camacho y el presidente ha optado por un alcalde que obtuvo excelentes resultados el 24 de mayo, aunque no como para mantener la Alcaldía de la que le desalojó una alianza de cuatro partidos, encabezada por Badalona en Comú, que había obtenido la mitad de concejales que el PP. Algo así le pasó a Javier Maroto, alcalde de Vitoria desalojado por la coalición de los perdedores y la complicidad del PSE. Se conoce que su peluquera (de Bildu) carecía de mando en plaza en el grupo municipal de los suyos. Maroto perdió la Alcaldía, pero se vio aupado a la Ejecutiva popular.

Los ayuntamientos son en la política española el equivalente a la Escuela Nacional de la Administración francesa (ÉNA) para la formación de los altos cuadros gobernantes. Ahí está Zapatero y su fascinación con Tomás Gómez, que había obtenido el 75% y el 74% de los votos en las municipales de 2003 y 2007. Luego pasó lo que pasó, no entremos en detalles.

García Albiol y Maroto están emparentados por algo más, quizá la clave de sus respectivos éxitos. Ambos fueron enérgicos con los inmigrantes (el primero, en general, el segundo con los que percibían fraudulentamente la renta de garantía de ingresos). Esto tiene su tirón electoral, aunque el resto de los partidos no ha perdido ocasión de reprochárselo. ¿Justamente? Sólo si sus propios candidatos no hubiesen incurrido. Un suponer, el PNV ha recriminado mucho a Maroto, pero volvió a presentar como candidato a la Alcaldía de Sestao a Josu Bergara, que en su primer mandato había prometido echar del municipio a los gitanos, según la denuncia de SOS Racismo: «Gitanos buenos hay muy pocos (…) la mierda ya no viene a Sestao. (…) Ya me encargo yo de que se vayan, a base de hostias, claro» porque «la mierda no la quiere nadie». Nada de lo que dijeron Albiol y Maroto llega, ni de lejos, a extremos semejantes, pero hace ya tiempo que las varas de medir son muy caprichosas en España, dicho sea con perdón.

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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