Ada, la comezón

El Mundo. 18-9-15

La alcaldesa Colau ha renunciado a su propuesta de elaborar un censo, una relación de familias dispuestas a acoger a refugiados. A uno, al enterarse, le entró como una duda metódica. Habría que ver de qué se trataba: adoptar a un niño sirio huérfano por la guerra o acoger a un adulto, si había pensado en promocionar el agrupamiento familiar, lo cual sería un cierto inconveniente para particulares. Cómo encargarse, no sólo de su alimentación y cobijo, sino de su educación, la pertinente inmersión lingüística, la búsqueda de un trabajo and so on.

Celebro que la alcaldesa haya decidido atender la opinión negativa de oenegés y expertos, aunque el mero sentido común, o lo que haga las veces de tal, debería habérselo desaconsejado en los primeros compases del plan. Por otra parte, habría sido deseable que consultaran con las organizaciones y los expertos antes de anunciarlo. No habría estado mal la organización de un cine-fórum en el Salón del Ciento en torno a Viridiana.

Toda la película de Buñuel está llena de advertencias para caperucitas bondadosas, desde la cena de los mendigos hasta el gesto magnánimo de Rabal, al comprar un perro –Canelo se llamaba– que un lugareño llevaba atado al eje de su carro y devolverle la libertad. Un segundo después, otro carro pasa en sentido contrario con otro perro atado. Berlanga y Azcona, esa pareja que tan bien retrataba la esencia de la españolidad, podría haber escrito un remake de Plácido con el título que entonces no pudo, «Siente a un sirio a su mesa».

La alcaldesa es mujer humanitaria. No quiere forasteros que visiten Barcelona en plan turista, pero quiere acoger «2.000, 3.000 o 4.000, o las personas que tengan que ser». Este es otro detalle de la imprevisión con que afrontan estos problemas. No es lo mismo 2.000 que 4.000, ni basta con el mismo presupuesto, ni tienen las mismas necesidades logísticas, aunque tal vez pueda acomodarlos en las habitaciones que no ocupen los turistas.

Ella ha decidido implicarse personalmente en la crisis y prepara un viaje al frente de una representación política y un equipo técnico para visitar las zonas de tránsito y los municipios que han acogido a refugiados, para estudiar in situ problemáticas y soluciones.

Antes de programar el viaje tal vez debieron consultar a gentes más versadas, las de la Cruz Roja y Cáritas, un suponer. ¿Entrarán en Hungría para tratar de disuadir con su presencia el trato inhumano que da la Policía a aquellos pobres fugitivos a base de gas pimienta y cañones de agua? ¿Aspirarán a traerse a una familia para enseñar a la Unión cómo se hacen las cosas?

A finales de marzo de 2008, una actriz italiana llamada Pippa Bacca realizaba una performance: ir desde Milán hasta Jerusalén en autostop, vestida de novia y atravesando países «tocados por la guerra». Al pasar por Turquía fue violada y estrangulada por un parado de 38 años que la había recogido en su coche. Imagino que el instinto de conservación les apartará de las cargas de la Policía húngara, pero deberían superar la comezón de intervenir. No harán más que estorbar.

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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