El síndrome de Piqué

El Mundo. 7-9-15

El sábado, durante el partido clasificatorio de la Eurocopa en el Carlos Tartiere, una parte del público abucheó repetidamente a Gerard Piqué, ese mocetón sin malicia que ejerce de defensa en el Barça y en la selección. El héroe del partido, el manchego Iniesta, dijo al final del encuentro: «Me gustaría que se acabaran los pitos a Piqué». En vísperas de la final de la Copa del Rey en la que se abucheó al Rey y al himno nacional el pasado 30 de mayo, el fenómeno de Fuentealbilla se limitó a decir: «Quien quiera dar sus opiniones que las dé».

El sábado, tras un monumental e injustificado abucheo al barcelonista, uno había tuiteado: «Piqué debe de sentirse como el Rey en el Camp Nou». Había una diferencia: mientras los compañeros del español Piqué en la selección se mostraban solidarios con él, en la final de Copa que el Rey patrocinaba, no eran capaces de solidarizarse con el mecenas. Los jugadores que no callaban invocaban la libertad de expresión. Junto al Monarca, el representante ordinario del Estado en la Comunidad, Artur Mas i Gavarró, se reía entre dientes como el perro Pulgoso.

Ayer, Mas escribió un artículo en El País bajo el título A los españoles. Era evidente ya desde el título que replicaba a la tribuna publicada por Felipe González el 30 de agosto, A los catalanes, en la que el ex presidente mostraba una delicada ambigüedad entre el Gobierno, obligado a cumplir y hacer cumplir la ley, y quienes, en opinión de su otrora vicepresidente y amigo, Alfonso Guerra, tratan de perpetrar un «golpe de Estado a cámara lenta». Felipe, que elevó a la categoría de arte el cantinfleo, consideraba que esto no podía llevarle a «una posición de equidistancia entre los que se atienen a la ley y los que tratan de romperla», sin que aclarase finalmente de qué parte estaba.

La incapacidad de los secesionistas catalanes y sus partidarios para entender la diferencia entre analogía y equiparación estricta llevó a Felipe a recular: a la reforma federal que propone su partido para la Carta Magna añadió su propuesta de que ésta incluya la consideración de Cataluña como nación. La respuesta a su estrategia apaciguadora estaba en el artículo de Mas de ayer, en el que, por si no bastara con sus insuficiencias sintácticas, recabó el auxilio de sus compañeros de la lista Junts pel Sí. El País pedía perdón en su primer editorial de ayer por la publicación de un artículo «que no resiste el más ligero análisis razonado» y al que consideraba indigno de sus páginas.

El representante ordinario del Estado en la Cataluña autonómica ama (a) España, pero detesta al Estado al que tan mal representa. El primer ciudadano de Cataluña se siente súbdito. El segundo de Pujol (Espanya ens roba) se queja de los insultos, de que les piten, como el público del Carlos Tartiere al pobre Piqué. No fue un espectáculo edificante, ciertamente, pero a la hora de calificar los hechos, es preciso determinar quién empezó antes, quién compró los silbatos y quién se reía por lo bajinis.

Anuncios

Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
Esta entrada fue publicada en Sin categoría. Guarda el enlace permanente.