Eta, Etb, Etc. y los marcos

10-10-15. El Mundo del País Vasco

Covite presentó ayer un informe  del Observatorio Internacional de Estudios sobre el Terrorismo en el que se analiza la comunicación mantenida por la Izquierda Abertzale. El informe, elaborado por Juanfer F. Calderín, examina los marcos interpretativos que elaborados e impuestos a lo largo de los últimos tiempos están extendiendo por la sociedad vasca los valores y el lenguaje del entorno de ETA y cuentan para ello con la tarea vicaria y eficaz de la Televisión pública vasca.

Francisco Mujika Garmendia, ‘Pakito’, jefe de la banda terrorista hasta su detención en Bidart, acuñó un soberbia paradoja: “ETA no es un problema, sino una organización que lucha para conseguir la paz”. Todo lenguaje totalitario, nos habían enseñado Victor Klemperer y Sebastian Haffner, lleva implícitas estas violentas antinomias. Con algo más de sofisticación, este lenguaje era en cierto modo compartido por el obispo Setién, cuando invitaba a “renunciar a la violencia, a luchar contra ella (…) como inútil y perjudicial para la causa de la pacificación de nuestro pueblo”.

La izquierda abertzale ha tenido siempre mucha práctica en la inversión del lenguaje. En los primeros años 90, en las campañas de HB contra periodistas no adictos, estos eran calificados de “terroristas de la pluma y el micrófono”. La inversión se completaba con estrambote y tirabuzón cuando tras el asesinato del sargento de la Ertzaintza y militante del PNV Joseba Goikoetxea, el diario Egin escribía en su editorial: “las baterías del Pacto de Ajuria Enea volvieron a cañonear contra Egin, contra la democracia, contra la libertad de prensa, contra la libertad de expresión y contra la inteligencia”. Se referían al comunicado de condena por el asesinato de Goikoetxea, aunque como es obvio, los únicos disparos de aquellos días fueron los que acabaron con la vida del sargento.

En cambio, los tiros reales eran escritura, literatura, vaya: “la situación de violencia que se registra en Euskal Herria, que ayer escribía un nuevo capítulo al materializarse en el ataque contra Joseba Goikoetxea”.

El informe analiza con minuciosidad el lenguaje compartido por las fuerzas Sortu, EH Bildu y Amaiur. A los etarras que cumplen condena en las cárceles. Entre la antonomasia y la sinécdoque, les llaman preferentemente  ‘presos’. EiTB asume como propios los marcos de la izquierda abertzale y llama ‘presos’ a secas en la mitad de las ocasiones. Se rehúyen expresiones como terrorismo, asesinatos, secuestros, sustituidos por lucha armada, ejecuciones, arrestos. Las únicas veces quela IA usa el término ‘criminal’ es  en el sintagma “política penitenciaria criminal”.

Considera el informe el peligro de que a medida que los asesinatos se vayan desvaneciendo en el recuerdo de la sociedad vasca el terrorismo impondrá su relato y sus marcos a la sociedad vasca con la ayuda no desdeñable de la radio y la televisión pública.

Es un eterno retorno, una sombra inmóvil. El primer director de ETB ya lo tenía claro en una gran entrevista de Chelo Aparicio en El País en los primeros tiempos de la televisión vasca: contaba Luis Alberto Aramberri, ‘Amatiño’, está claro que “ETA, al margen de su valoración sobre las instituciones, considera a ETB como la televisión de este país. Ello lo demuestra el trato preferente que nos dan en el otro lado de los Pirineos, como en las cárceles, para conseguir información”.

 

Anuncios

Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
Esta entrada fue publicada en Sin categoría. Guarda el enlace permanente.