Lo mejor del debate

El Mundo. 2-10-15

Rosa Díez hizo ayer un gran discurso en el Congreso. Distinguió forma de fondo para criticar las maneras con que el PP suele afrontar estos problemas, pero haciendo un discurso riguroso, irreprochable sobre el meollo de la cuestión: el papel central de la ley en todo Estado de Derecho.

De su boca se caían verdades apodícticas, principios elementales: «La aplicación de la ley no se negocia… Mi grupo parlamentario y yo estamos dispuestos a hablar y a negociar de todo; de cómo saltarse la ley, no… Sólo con la ley en la mano […] es posible seguir viviendo en democracia».

Fue lo mejor del debate, junto a la intervención de Pedro Gómez de la Serna, un lujo de parlamentario en el Grupo Popular. Defendió bien la posición de su partido, por más que su presentación en campaña por el candidato Albiol fuera lamentable, y que lo esencial en la ley no esté tanto en la proliferación de las leyes como en la decisión de hacer cumplir las existentes.

Coscubiela, ejemplo de intelectual alternativo, negó que las leyes están para cumplirlas; también para reformarlas o forzarlas. En el Grupo Mixto, el impresionante Tardà, qué gran ingrediente principal para un plato de botillo con garbanzos, desconoció cualquier cortesía parlamentaria. Si uno puede saltarse la ley, a ver por qué va a respetar la urbanidad. Salpicó su breve intervención con calificativos como miserable, sinvergüenza, cutre y enloquecido, e incurrió en una deslumbrante sinécdoque, al creer que la reforma pretende meter en la cárcel a todos los catalanes pel Sí. Coscubiela y Tardà fueron las cumbres de un discurso que en términos generales suscribieron el PNV, el BNG, CC, Compromís, Convergència y Unió, juntos pero no revueltos. Y el PSOE en su vaguada de la tercera vía.

Al Congreso le falta la CUP para ser un calco del Parlament. La CUP y su líder, tan Kruschev frente a Rato, tan manso frente a Pujol, tienen un punto surrealista al que no llega el Congreso a pesar de Sabino Cuadra, qué ejemplo de Justicia onomástica. Ahora proponen una Presidencia coral, como una secuencia del cine de Berlanga o el camarote de los Marx. Una Presidencia de tres o cuatro miembros, como la que proponen, puede parecer multitudinaria, pero es relativamente pequeña si la consideramos politburó, y no digamos si la tomamos como asamblea. También podrían establecer turnos semestrales, como los Douglas en su casa de Mallorca. No se recomiendan turnos mensuales para impedir a los columnistas espanyoles titulares como«Mas está con el mes» y otras zafiedades.

Es una extravagancia. Hasta Junqueras y Mas deben de tener un espejo que les devuelva una imagen ridícula de sí mismos. Pero la CUP y quizá la marca de Podemos harán el papel de Euskal Herritarrok en 2001, al prestarle a Ibarretxe los votos que necesitaba. Este sumaba 36 escaños, a dos de la mayoría. Mas necesitará seis. Bastaría con que se los repartieran la CUP y Catalunya SQEP en términos equitativos. Tres y tres (per cent), que es el número cabalístico de la independencia.

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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