Mas a menos

El Mundo. 28-9-15

Artur Mas ha vuelto a poner en marcha su principal habilidad política: adelantar las elecciones para perder escaños. Ya lo había hecho en 2012, pero en 2015 lo ha bordado. Entonces consiguió superar holgadamente la barrera de la mayoría absoluta en compañía de ERC: 71 escaños. Ahora se han quedado en 62, a pesar de haber contado con los refuerzos de la ANC, Omnium Cultural, las monjas, el cabeza de la lista que oía ruidos y habló en último lugar, y Lluís Llach.

Artur Mas es desde ayer un cadáver político. Ya sólo queda embalsamarlo y enviarlo al Canadá con la farmacéutica Grifols para ser pasto del olvido. Pero Artur no conoce esa razón y anoche, después de comprobar su fracaso, seguía proclamando la victoria de Cataluña con una alegría tan forzada como incomprensible.

Si Artur Mas tuviera la inteligencia política de Arnaldo Otegi subiría al mismo balcón al que se asomó Lluís Companys el 6 de octubre del 34 para parafrasear al abertzale en su discurso de Anoeta (14 de noviembre de 2004): «Hoy, un gobernante legal perpetra un acto ilegal».

Gran éxito de Ciudadanos e Inés Arrimadas. Desaparición de Duran, el Doliente, batacazo de Albiol, pérdida de cuatro escaños de Iceta, que anoche no estaba para bailes e irrelevancia de Podemos que acudió a reforzar ICV –Aguanta, Joan, que ya vamos– para hacerles perder dos escaños.

Contaba agudamente Ruiz-Quintano que no debemos extrañarnos. Vivimos en un país en el que unas elecciones municipales trajeron una República de Trabajadores. Tiene su lógico que unas regionales traigan una República de catalanes.

Aquellas elecciones del 12 de abril del 31 la coalición monárquica obtuvo 4.000 concejales más que la republicano–socialista, pero la victoria de estos en las capitales y la marcha de Alfonso XIII hicieron el resto. No todo en la República estuvo equivocado. Un Gobierno republicano trató lo de Companys con rigor democrático: lo hizo detener y un tribunal lo condenó a 30 años de cárcel.

El pobre Artur (Mas es menos, habría dicho Mies van der Rohe) es pura incongruencia. Después de empeñarse tanto y conseguir que toda España le siguiera en la consideración de las elecciones como plebiscitarias, debió proponer contar votos, no escaños. ¿Dónde ha visto estos tipos un plebiscito con candidaturas? Los catalanes que han votado contra la independencia suman cuatro puntos más que la suma de Junts pel Sí y la CUP. La suma de los votos es menor que el número de manifestantes que ellos contabilizaron en las últimas Diadas. Ahora ni siquiera había que manifestarse.

A pesar de abaratar el heroísmo hasta el nivel del voto, no llegan. Me recuerdan a un eslogan electoral de Herri Batasuna en los viejos tiempos: «Muchos han dado su vida por la liberación nacional y social de Euskadi. Tú puedes darnos tu voto».

Con todo, no es esa la cuestión, ni que pretendan romper la unidad constitucional de España con una votación que no les bastaría para reformar el Estatuto. Aunque hubieran ganado con el 60% de los votos, la pretensión de declarar la independencia unilateralmente, seguiría siendo una ilegalidad. Mas no saldrá al balcón como Companys. Si acaso se parecería más a Pepe Isbert en el Ayuntamiento de Villar del Río.

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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