Terceras vías

El Mundo. 30-9-15

Artur Mas ha sido imputado por una acción ilegal que financió con dinero público. Convocó un referéndum sin tener competencias para ello, desoyó la prohibición del Constitucional, tomó los colegios públicos por electorales y puso a los presos a fabricar urnas de cartón. Desobediencia, usurpación de funciones, malversación y prevaricación. Mas reivindicó la fechoría: «Si quieren conocer al responsable, que me miren a mí porque el responsable soy yo».

Los nacionalistas catalanes y los terceristas españoles parecen creer que el 47,7% es más de la mitad y que el inmovilismo de Rajoy es una fábrica de independentistas, uno de los lugares comunes más inanes en la España de hoy. Rajoy es un líder con un problema para su partido en las próximas generales, pero estuvo en su sitio como presidente. Los independentistas «nunca tuvieron el respaldo de la Ley y desde el domingo tampoco tienen el respaldo de la mayoría».

Rajoy, España, el Estado, el Gobierno, el Constitucional, el Supremo, la propia Constitución (aprobada por el 90,46 % de los votantes catalanes), las amenazas de veto a la consulta, Esperanza Aguirre, La Razón y EL MUNDO (aportación de Jordi Évole), el nacionalismo español, Wert, el vuelo bajo de los F-18 que acojonaba al pobre Romeva y otras industrias. Fábricas independentistas.

Bien. Demos un repaso a la productividad de industria tan extendida en España: desde las autonómicas del 92 hasta las del domingo, CiU y ERC superaron el 50% de los votos sólo en las dos primeras, 92 y 95, aunque sería muy exagerado pensar que CiU era entonces independentista. En 2003 y 2006, Esquerra, que sí lo era, se distrajo y apoyó un Gobierno tripartito presidido por Maragall, un sociata espanyol. En las elecciones de 2012, cuando Mas y Junqueras ya estaban más en lo suyo, CiU+ERC, Solidaritat y la CUP llegaron al 49,12%. En las del domingo disminuyeron casi punto y medio.

Fábricas de independentistas a tres turnos tantos años para acabar retrocediendo, hay que joderse. Es triste, pero es así la vida. Lo explicaban los economistas neoclásicos con su teoría de la productividad marginal decreciente: cuanto más recursos empleas, menos independentistas fabricas.

No parece algo que vaya a más. Estamos en la «conllevancia» que decía Ortega en mayo del 32, pero los terceristas lo ven como una ola creciente y hacen cábalas sobre lo que se podría cederles para aplacarlos. Como escribía Joseba Arregi, lo que no dicen nunca es lo que deberían exigirles en justa reciprocidad: «Lealtad federal, lealtad constitucional, aceptación del Estado de Derecho que es España».

No hay terceras vías. Toda cesión será para ellos excitación y rearme más que un sedante; cualquier concesión les estimulará el apetito en vez de calmarles y les fortalecerá para el próximo intento. Esto ya lo había pensado Montesquieu y a los políticos prisioneros de sus delirios no les aplacarán las concesiones, sino el freno de la ley. Cataluña no saldrá de este lío sin alguna forma de catarsis y sin secuelas emocionales.

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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