M.I.A. (Missing in action)

A la hora de escribir esta columna, la presidenta de los populares vascos ponía fin a su desaparición y anunciaba rueda de prensa para hoy, después de estar seis días Missing in action, como llaman en EEUU a casos como éste.

En cierta ocasión oí al presidente de un tribunal para pilotos de la Marina Mercante relatar el ataque de pánico de un examinando que se hizo un tajo en la muñeca con una navaja. Lo peor, a juicio de aquel hombre, no era la falta de conocimientos que le había desatado aquella crisis. «Si me lo vuelvo a encontrar en un examen, lo suspenderé. No puede ejercer un cargo de responsabilidad alguien que se deja llevar por el pánico ante la menor contrariedad». Tenía razón.

La moción que sustituía la condena por el rechazo era un error. Equivocarse en el tiempo de las decisiones es un yerro que lleva compañía. Lo decía un personaje de Silverado: «Baxter, llevo dos días esperándote. Este es un mal comienzo». «Efectivamente, amigo, es un mal comienzo. Yo no me llamo Baxter».

Su moción se estrelló como la frágil barca del amor de Maiakovski contra la vida cotidiana, Arantza no reapareció ayer; lo hizo en su lugar la secretaria general, Nerea Llanos, número dos del partido y mujer de confianza de la presidenta.

Estos asuntos no son cuestiones locales que puedan resolver de oficio los líderes regionales de un partido nacional. Allá su partido y los votantes, que uno no es quién. Nombrar o quitar candidatos o dirigentes es prerrogativa del partido, o quizá de Albert Rivera.

Llanos se desmintió a sí misma con solvencia. Ha sido la única persona del partido que ha mantenido contacto con la presidenta en estos días, a pesar de lo cual no sabía si Quiroga va a continuar, para lo que pedía respaldo, o iba a dimitir, para lo que encarecía respeto. Espera que haga pública su decisión de manera «inmediata», aunque el partido «está por encima de las personas y las circunstancias». Estas palabras mías son la prueba evidente de que no, debió añadir a continuación. De ahí que haya que esperar a las de hoy, con todas las incertidumbres en su sitio.

Arantza Quiroga es una mujer muy resuelta. Actuó con mucho remango al cargarse al secretario general, Iñaki Oyarzábal, sin encomendarse a nadie. Oyarzábal era miembro de la Ejecutiva Nacional, responsable de Justicia, Derechos y Libertades. Era, además, el hombre de confianza de Alfonso Alonso. El PP alavés es la organización que más poder institucional ha ganado para los populares: la alcaldía de una capital vasca, dos veces, y el Gobierno de la Diputación Foral de Álava. En estos momentos de mohína, de los 10 escaños del PP en la cámara vasca, cinco han sido ganados en Álava.

Su mentora Cospedal ha vuelto a Madrid para expresarle el «absoluto respaldo» que ayer le ofrecía desde Bruselas. También respaldó, cosa chocante, la versión que cargaba el desaguisado de la moción a las torticerías de Bildu. ¿Fue ella quién le dio el placet? ¿Se mantendrá la presidenta en sus trece? Ya no sería la crisis Quiroga, Cospedal la habría acabado de adoptar.

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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