No hay disculpas

¿Qué sería de España si no fuera por sus hijos más preclaros? Y sus hijas, naturalmente. «Yo soy el milagro», dijo un Aznar sonriente a un periodista del Wall Street Journal en el 97. Irene Lozano ha explicado: «mi llegada (al PSOE) es una prueba del compromiso de Pedro Sánchez con la regeneración», una frase que está a medio camino entre la Virgen María y la pulga que aligeraba la carga al camello en la fábula de Samaniego, en el momento de saltar graciosamente al suelo: «del peso te libro yo./ Y el camello respondió:/ ‘gracias, señor elefante’».

Sánchez ha obrado sabiamente. Cuando la tarea de limpieza excede las propias capacidades conviene externalizar. Eso debió de pensar Augías cuando Hércules se dispuso a limpiar sus establos en un solo día, tal como le había ordenado Euristeo. Sánchez, decidido a la regeneración interna, ha contratado a una especialista, la diputada revelación del único grupo que no tiene imputados por corrupción entre sus filas.

El problema, querida Irene, es que su transbordo dista de ser ejemplar. No por haber cambiado de pensamiento, yo nunca podría darle lecciones. Es por las prisas. Hace 14 meses escribió usted una carta ofensiva a su entonces compañero Sosa Wagner por haber propugnado el acercamiento de UPyD a Ciudadanos. Tras el fiasco de las elecciones andaluzas, se convirtió usted en adalid de la confluencia que antes detestaba, rompió con Rosa Díez y se postuló para sucederla. Perdida la pugna con Andrés Herzog en las primarias, el 15 de julio pasado admitía que no había recibido ofertas de C’s, pero no desdeñaba la posibilidad: «si tienen interés ya me llamarán».

No hubo llamada. Siguió en el escaño de UPyD hasta el día siguiente de haber cerrado el trato con el PSOE y se niega a disculparse, pero los socialistas no deben perder la calma. Rosa Aguilar, portavoz del grupo de Izquierda Unida en la década de los 90, calificó a Felipe González de «máximo responsable político de los GAL» y luego aceptó ser consejera de Griñán. Pidió perdón y Rdrgz Zptro, un Pdro Snchz avant la lettre, la nombró ministra argumentando que «tenía una trayectoria de compromiso con la izquierda idónea». Se lo juro.

La mismísima Susana Díaz la hizo consejera de Agricultura hace sólo cuatro meses, ¿A qué vienen sus aspavientos por la inclusión de Lozano en la lista? Irene no se disculpa, pero a veces no hace falta. Xabier Arzalluz dijo: «hemos tenido que taparnos los ojos, los oídos y hasta la nariz para gobernar con estos». Nunca pidió disculpas, los socialistas aceptaron pulpo como animal de compañía y tomaron por disculpa las palabras de Ardanza: «yo no he tenido que taparme nada»; estos siguieron empeñados en pactar con los nacionalistas.

Es verdad que Irene Lozano, buena parlamentaria, ha sido acerada en sus críticas al PPSOE. En el florilegio variado de su hemeroteca escogeré esta rosa (con perdón) de hace ocho meses: «En Madrid todo es corrupción. Lo es el PP, el PSOE y la dirección de IU». Es ahí donde hacía falta, en el centro del establo y como número cuatro, el mismo que ocupó en la lista de UPyD.

Nadie ha osado desautorizar a Pedro Sánchez, no es momento, pero están a la espera. El joven Madina tiene un mosqueo imponente, preterido por Lozano y la comandante Cantera. Y no digamos los que se arriesgan a no salir. Que no le pase nada al secretario general si no mejora sustancialmente el suelo de Alfredo Pérez Rubalcaba. Irene Lozano sólo será el pretexto.

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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