Una selección. O dos, si son pequeñas

El Mundo del País Vasco

El fútbol y no la guerra es la continuación de la política por otros medios, habría dicho Von Clausewitz si hubiera vivido para ver el encuentro navideño entre las selecciones virtuales de Euskadi y Cataluña. Tengo para no olvidar la del año pasado, aquella foto de los futbolistas vascos y catalanes con sus respectivas pancartas reivindicativas de los suyo. Una nació, una selecció, decía la de los catalanes, mientras los vascos reivindicaban en inglés: “One country, one team”. La tradición británica de Bilbao, ya saben: el nombre del Athletic, los autobuses rojos de dos pisos and so on.

Llamaba mucho la atención la determinación con la que empuñaban la pancarta Gerard Piqué, Xavi Hernández, Sergi Busquets y Jordi Alba con una reivindicación poco meditada: ¿qué es eso de una nació, una selecció, cuando lo que en realidad quieren son dos? Otro tanto cabría decir de Susaeta, Iturraspe, Iñigo Martínez, San José y Aduriz en el basque team.

El partido terminó en empate, que es como terminan tradicionalmente estos encuentros (a dos en octubre de 2006 y a uno en diciembre de 2007 y en diciembre de 2014). El último amistoso se jugó el 28 de diciembre último y fue precedido por un encuentro en la cumbre en Ajuria Enea entre Urkullu y Artur Mas. (El buen sentido del lector tomará la expresión que acaba de leer como una frase hecha y no en sentido literal). Dos horas de chachára, qué tíos. No pudieron hablar en catalán, porque Urkullu no lo habla, ni en euskera, por desconocimiento de Mas. Iñigo Urkullu tampoco podía hablar en el inglés de su pancarta, porque lo desconoce, como les pasa a todos los políticos españoles. O sea, que hablaron en la koiné, la lengua de Franco que es como bautizó Arzalluz a la española.

Este año tocaba en el Camp Nou el 27 de diciembre, que es el domingo siguiente a la celebración de las elecciones generales y a los equipos que alimentan ambas selecciones no les hace mucha gracia por la proximidad de la 17ª jornada de la liga española, que una cosa es montar el numerito simbólico y otra desatender la liga que tanto interesa al Barça.

Hay un problema y es de carácter simbólico. El camp Nou estará petado de banderas estrelladas, que no se van cortar porque la UEFA siga poniéndoles multas, ya se lo compensará Montoro con el Fondo de Liquidez Autonómica. Por otra parte, no habrá pitidos como si fuera una final de la Copa del Rey por falta de enemigo. Tendrían que invitar al Rey para unir a las dos hinchadas contra alguien, pero no sé si va a querer. Hay otra cuestión. Para entonces no hay garantías de que Artur Mas vaya a ser presidente de la Generalidad, lo que tendría dos consecuencias evidentes. Artur Mas no podría enseñar al mundo la sonrisa lela que tiene patentada.

Aquí ya no se me alcanza si Urkullu ha hecho una correcta evaluación de riesgos. Aún sin otras circunstancias, al ritmo que lleva la Operación Petrum por la financiación de Convergència, nadie puede estar seguro de que no vaya a estar imputado el presidente del partido. Claro que podría ser peor: que en lugar del Astuto Mas su anfitrión fuera el sagaz Romeva.

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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