Fiscal en fuga

El fiscal Franklin Nieves Capace se ha hecho grabar una confesión en vídeo después de huir de Venezuela y decir lacónicamente «no creo que vuelva». En lo sustancial confiesa que él participó en la preparación de pruebas falsas contra el líder opositor Leopoldo López, pruebas que sustentaron la condena que le impuso la juez Susana Barreiros a 13 años, nueve meses, siete días y 12 horas de prisión, un año más de lo que pedían los fiscales mentirosos, en una prueba evidente de la independencia de los jueces bolivarianos. La juez fue recompensada con un cargo diplomático. El Gobierno de Maduro la nombró cónsul en Chile, mientras el fiscal Nieves tomaba el olivo hacia la isla de Aruba, en tránsito a Miami.

Es tradición, ya lo escribió Neruda sobre el dictador Pérez Jiménez: «Hacia Miami el majestuoso sátrapa/ huyó como sonámbulo conejo». Ahora no son los dictadores; son sus cómplices: el fiscal Nieves ahora, el juez Eladio Aponte en 2012. Son actos de justicia poética; arrepentidos los quiere el señor y está bien que así sea. De Bolivia se fugó en marzo de 2014 el fiscal Marcelo Soza tras el caso Rozsa.

El fugitivo Nieves cuenta en lo sustancial que se marcha para evitar las presiones y amenazas de sus superiores para seguir sustentando las pruebas falsas contra los opositores, responsabilizar al Gobierno de lo que pueda pasarle a él o a su familia y anuncia que va a decir toda la verdad de lo que aconteció en el juicio contra López.

Hay en España un partido financiado por ese régimen inicuo que mantiene a sus ciudadanos sometidos a un régimen de miseria y tiranía cuyo líder se postula para presidente del Gobierno dentro de dos meses. Ya gobiernan importantes ayuntamientos y alguna comunidad con el apoyo del PSOE. La trotacapillas que ejerce de portavoz en el de Madrid considera que la libertad de López es cosa a reivindicar en el Ayuntamiento de Caracas, no en el suyo.

Estos tipos llaman «preso político» a uno de los suyos, un tal Alfon (Alfonso Fdez. Ortega), detenido por la Policía con una mochila cargada de explosivos en la huelga general de noviembre de 2012 y condenado a cuatro años en sentencia ratificada por el Tribunal Supremo. Con el lenguaje de inversión tan caro a la izquierda totalitaria, califican de «terrorista» y propagador de la violencia al líder opositor Leopoldo López , un preso de conciencia, de la suya propia, de la dictadura bolivariana y la de todos nosotros.

Monedero, ese tipo a quien el sátrapa Maduro pagó más de 400.000 euros por un informe sobre una cuestión (un sistema financiero) de la que desconoce absolutamente todo, achacaba a López la responsabilidad de los 43 muertos por la policía y los matones chavistas en febrero de 2014. Hace menos de dos meses se negaron a pedir en el senado la libertad de los presos de conciencia venezolanos, López incluido. Hace 10 meses el propio Iglesias votó en contra en el Parlamento europeo.

Qué vergüenza ajena la de ese periodismo que no interpela a los podemitas por su complicidad política y moral con el crimen, que no coloca a Iglesias y los suyos ante su videoteca, tan cuajada, mientras llega el momento descrito por Neruda, poco más o menos: Hasta que por las calles de Caracas/ las bocinas se unan en el viento/ se le rompan los muros al tirano/ y vea desatar su majestad al pueblo.

Anuncios

Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
Esta entrada fue publicada en Sin categoría. Guarda el enlace permanente.