Son golpistas

Al final, todo el proceso era un selfie de Marta Rovira y sus compis de aventura. Boadella lo había descrito hace más de 40 años en Alias Serrallonga: se apagaban las luces, se oía Els Segadors y los insurrectos avanzaban por los pasillos con sus hoces a las que sacaban chispas con pedernal. Al llegar a la corte de Felipe IV se encendían las luces y los insurgentes se compraban y se vendían las hoces los unos a los otros y posaban para las fotos en bermudas, con gafas de sol y sombreros de jipi-japa: «Hey, Cheguevarita, come here», decía el de la cámara. No eran selfies, que aún no se habían inventado los móviles, pero estaban en la idea.

Admitía Boadella que los catalanes siempre han rematado así sus gestas: trapicheando con las hoces y las pistolas. Esto recordaba uno al ver los selfies de la pobre Rovira, con los precedentes en la memoria: Macià en el 31; Companys en el 34. Ambos proclamaron la república catalana, como el lunes Forcadell: Macià, el del corazón itinerante, proclamó la República catalana el 14 de abril del 31. Aguantó el pulso tres días, lo que tardaron tres ministros del Gobierno provisional de la II República en prometerle un Estatuto. Companys aguantó menos con su Estat Català en el 34: sólo 10 horas tardó en rendirse al general Batet, mientras sus colaboradores huían por las alcantarillas.

Los del selfie han entronizado en el Parlament a una agitadora callejera a cuyo lado Margarita Nelken parecía Mariana Pineda. La chusma al frente del poder legislativo. Qué ojo clínico el de Mas y qué justificado el apodo de Astut que él mismo se puso. En Junts pel Sí ha hecho sociedad con la misma Esquerra que le quitó la Presidencia dos veces para dársela a Maragall y en la propuesta sediciosa ha hecho migas con los antisistema que le obligaron a llegar al Parlament en helicóptero para aprobar los presupuestos en 2011.

Se han dado y nos han dado un plazo de un mes para la desconexión. Dice el ministro de Justicia que carece de validez jurídica y que los va a llevar al Constitucional, como si se empeñara en no creer lo que los golpistas han escrito en los puntos 6 y 8 de su proclama. La lógica del golpe de Estado no atiende a razones jurídicas, sino a los hechos. La legalidad, con permiso del señor Catalá, se la suda. Más aún, conculcarla está entre sus primeros objetivos. Rajoy ha mostrado su decisión de que la propuesta sediciosa no tenga ningún efecto.

Tendría que poner un poco más de énfasis, presidente, para que ellos puedan entenderlo. Estos tipos, vean el selfie, no tienen más fuerza que el Estado, no me deje en mal lugar a Max Weber. Cada paso que den hacia su objetivo será por una dejación previa del Estado. Hacerles cumplir la ley le conviene, presidente. El 20-D está muy cerca.

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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