Emergentes en Moncloa

El Mundo. 30/10/15

Después de la foto de Rajoy con el aspirante Sánchez, Rajoy ha citado para hoy a Albert Rivera en modo vermú, a la una de la tarde, y a Pablo Iglesias a las cuatro y media, en plan cafelito con pastas.

Está bien el movimiento del presidente inmovilista, y es adecuado que además de dialogar con Pedro y Albert haya extendido la invitación a Pablo. A condición, eso sí, de que no espere gran cosa de la conversación, tal como dejó advertido Edward Gibbon, el gran historiador de la caída del imperio romano: «La conversación enriquece la comprensión, pero la soledad es la escuela del genio».

No todo el mundo es igual, claro. Rivera anunció que va a proponer cinco puntos al presidente: el artículo uno no se toca. Segundo, la unidad; tercero, la Constitución es el único marco de reforma; cuarto, compromiso con la integración europea y quinto, los firmantes no gobernarán de la mano de los que quieran «romper España» No suena mal.

Pablo Iglesias había menudeado sus protestas por haber sido excluido de la mesa del padre. Rajoy se lo ha pensado mejor y ha rectificado. Bien hecho, a condición de que no espere nada práctico. Pablo ha pasado de asaltar el cielo en octubre de 2014 a felicitarse un año más tarde por ser invitado a La Moncloa, al casta castorum, podríamos decir. Manda huevos, no se conoce una conversión tan rápida en los anales del cristianismo. Bueno, sí, la de Saulo de Tarso, pero fue porque recibió una ayuda de los cielos que hace un año quería asaltar el nieto de Ceaucescu, que es como llamaban sencillamente a Pablo en la Eurocámara.

No creo que tomara la expresión de Marx, que la escribió en un párrafo deplorable desde el punto de vista sintáctico y analítico. La carta a su amigo Kugelmann está fechada el 12 de abril de 1871. Faltaba mes y medio para que «estos parisienses dispuestos a asaltar el cielo» fuesen masacrados en la semana sangrienta que acabó con la Comuna, entre el 21 y el 28 de mayo, que dejó 30.000 muertos y la ley marcial en París durante los cinco años siguientes. Se inspiró más bien, –él es cinéfilo–, en el documental que con ese título hicieron López Linares y Rioyo sobre el asesino de Trotski.

Los cielos no se toman por consenso sino por asalto, dijo. Y se proclama gramsciano, manda más huevos a Sandra, que se va de la ciudad. Gramsci fue el teórico de la guerra de posiciones frente a la de movimientos, del consenso y la hegemonía frente al asalto.

Tampoco estoy seguro de que signifique algo el mínimo acuerdo con Sánchez, mientras el PSC se niega a suscribir la moción alternativa de C’s y el PP o el PSPV rechazara en las Cortes junto a Compromís y Podemos una declaración por la unidad de España.

Sánchez se hizo la foto por análoga razón a la que llevó a Zapatero a proponer el Pacto Antiterrorista en diciembre de 2000. Le saldría caro rechazar el acuerdo. El PSOE empezó a incumplir desde el año siguiente, en las conversaciones de Txusito con Arnaldo. Claro que Rajoy podría tener un plan B si Sánchez le sale rana: llamar a Susana Díaz, no diré más.

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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