Mas, el menguante

La VANGUARDIA dio cuenta el viernes de la inquietud con que había transcurrido el consejo ejecutivo del martes cuando se pasó a los reunidos la resolución que JxS y la CUP acababan de registrar en el Parlamento. Hubo protestas de distinto calado entre los consejeros. Mas-Colell, tras la lectura: «¿Pero esto qué es?», dijo justamente estupefacto. Suele pasarles a gentes competentes que ponen sus competencias al servicio de otras gentes que no lo son. Acabará como su modelo, Pedro Solbes, escribiendo unas memorias de descargo de todo lo que tuvo que hacer por culpa de la indigencia de su mandante.

Los consejeros Irene Rigau y Felip Puig aceptarán lo que haga falta, porque su objeción es meramente instrumental. Querrían saber si la moción conjunta servirá para investir a Artur Mas. Y resulta que tampoco. Y dice el asombroso Rull que retó a los críticos a expresarse hoy donde toca, que si no sale investido Mas, habrá que ir a nuevas elecciones. «Vosotros veréis, con la carrera que llevamos», podría haber añadido para hacer más explícita la amenaza.

CDC es un partido que históricamente se ha dotado de líderes pequeños y cabezudos. Y mangantes o menguantes. Vean la cuenta de resultados del presidente en funciones: Después de los éxitos de CiU durante los 23 años en que la condujo el Gran Defraudador, tuvo que llegar él para dejarse madrugar en 2003 la presidencia por Maragall, con la ayuda de ERC e ICV en 2003, y en 2006 ¡por Montilla! Por fin se hizo con la presidencia en 2010, con 62 escaños.

El increíble hombre menguante acortó las legislaturas y acható la representación de su partido. En las de 2012 perdió 12 escaños. Para las de 2015, había roto la coalición del 3% y tuvo que aliarse con la misma Esquerra que le había dado dos veces la presidencia al PSC y con toda clase de populismos para alcanzar los 62 escaños que había conseguido en solitario cinco años atrás. ¿Qué líder aceptaría el cuarto puesto en una lista electoral? El partido que preside, Convergència, había perdido 20 escaños más, quedándose en 30.

También ha perdido la capacidad de financiar a Cataluña, las agencias de rating le han degradado la deuda hasta el bono basura, no puede pagar a las farmacias y todas las banderas estrelladas son incapaces de tapar el latrocinio perpetrado con entusiasmo y maña durante los años de Gobierno del Chivo Pujol (homenaje a Trujillo) junto a Mamá Cabra Ferrusola y sus siete cabritillos, que en todos estos años han perdido el diminutivo y se han hecho mayores.

Ustedes imaginen que Mas fuera el presidente de una empresa y presentara el balance descrito ante la junta de accionistas. Es seguro que le aconsejarían buscar empleo en otra compañía. Este es probablemente el peor gobernante que han elegido España y sus autonomías en los últimos 40 años. Comparado con él, Zapatero parece Roosevelt. ¿Qué se hizo de la naturaleza industriosa de ese pueblo, de sus emprendedores? Les catalans, de les pedres en fan pans y uno tendía a creérselo, especialmente en estos últimos tiempos, habiendo comprobado que de materiales mucho más modestos han hecho un presidente, en un impactante homenaje al arte povera. No es casual que el Govern tuviera su reunión del martes en la sala Tàpies, un precursor. Estén atentos a la reunión de hoy.

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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