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El Mundo. 4/11/15

Después de haber visto a Pedro Sánchez en la impecable entrevista a la que fue sometido por Ana Blanco, Mariano Rajoy podría hacer suya la vanidad relativa de San Agustín, obispo de Hipona: «En mí mismo considerado nada valgo, pero si me comparo…».

Fue Ana Blanco una periodista en estado de gracia. Supo preguntar, repreguntar, señalar contradicciones y denunciar salidas por la tangente de su entrevistado. Era casi tan incisiva como Ana Pastor, salvo que ésta no sólo se sabe las preguntas, sino también las respuestas, y eso la lleva a interrumpir a sus entrevistados para responderse.

Rajoy hará bien en sostener como antagonista a este hombre. Él no cree en su victoria. Lo cantó su subconsciente al establecer una desdichada analogía entre Mas y Rajoy, «dos candidatos que tienen ciertas dificultades para poder ser investidos». Es decir, que ya lo sitúa como ganador y candidato a la investidura.

Ya casi al final, Ana Blanco le invita a reconocer algún error. «Pues mire», responde Sánchez muy aplomado, «uno de los errores que cometemos mucho los socialistas es no reconocer las grandes cosas que hemos hecho». ¿Podría reconocer el peor de sus defectos? Sí, es mi modestia. Blanco no se deja amilanar: «Yo le preguntaba por los errores». A lo que Sánchez replica: «Ese es un error… Hay muchos jóvenes que probablemente lo desconozcan, pero hace muy poco tiempo (…) en España no había divorcio y fue el PSOE, en un Gobierno socialista con Felipe González al frente, quien lo aprobó».

La ley 31/1981 de 7 de julio fue impulsada por Adolfo Suárez y aprobada con un Gobierno de UCD presidido por Calvo-Sotelo. Hay que decir que la ucronía se le escapó a la entrevistadora. Tampoco tiene Pdro un recuerdo muy claro de cuándo se empezó a votar: «Los españoles han tenido opciones de poder votar desde 1979 a muchísimas formaciones». Fue desde 1977, claro, pero él era muy pequeño cuando entonces.

El joven Sánchez que llamó a Soria «ciudad natal de Antonio Machado» prometió funerales de Estado para las víctimas de la violencia de género, amén de hacer aportaciones creativas a la sintaxis por la vía del gerundio: proveyéndola, y del laísmo espléndido con el que argumentó a favor de la enseñanza pública el lunes: «Si yo a mis hijas las planteo…» (dos veces).

Es un Zapatero sin talento, aunque él prefiere identificarse con Felipe González. Este momento no se parece a 2004, sino a 1982. Uno, que es mayor que Sánchez y sí tiene recuerdo de aquel 28 de octubre. Yo no había votado al PSOE, pero salí a celebrar su victoria en una noche de ilusión colectiva.

El eslogan socialista,Por el cambio, se había hecho uno con una sociedad española ingenua, alegre y confiada. 202 escaños. A Sánchez le auguran 88 para dentro de mes y medio arúspices que escudriñan las entrañas de la oca. Irrelevantes diferencias meramente cuantitativas.

Sólo en una cosa estoy de acuerdo con Pdro: yo también veo a Rajoy de candidato a la investidura. No es enloquecedor, pero es que yo a este chico no lo veo.

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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