Entre el burro y la cabra

El Mundo del País Vasco

No es que Iñigo Urkullu sea un sofisticado pensador, pero habría que matizar: depende de con qué se le compare. Aquel mes de septiembre de 2012 en que empezó el desvarío catalán recuerdo haber escrito que Ibarretxe, un gobernante con quien mantuve una larga relación epistolar jamás correspondida, era Gladstone al lado de Artur Mas. Excuso decir lo que ganaría Urkullu en la comparación con el Honorable 3%.

Siempre he sostenido que el lehendakari vasco es más listo que su homólogo catalán. Ha demostrado alguna capacidad para aprender de los errores y de lo que pasa fuera. Tuvo que desarrollar Ibarretxe su plan para que Patxi López le madrugara la Lehendakaritza. Fijándose en lo catalán ha visto cómo CiU ha roto su coalición triunfadora tantos años, cómo Convergència va camino de desintegrarse, cediendo sus derechos de primogenitura a ERC y sus últimos vestigios de autoestima a la CUP. No es extraño que Hasier Arraiz se haya encandilado con el modelo catalán. Él sueña con ser en este proceso una síntesis de Oriol Junqueras y Antonio Baños, aunque sugiere un parecido más estrecho con el pequeño Sandalias (Calígula en latín).

Dicho lo cual, mi buena opinión del lehendakari Urkullu se resiente ante su confesión de ayer en el Parlamento vasco: “Ofrecí a Mas trabajar conjuntamente por un nuevo modelo de Estado”, pero que no pudo ser porque cada cual tiene su camino. ¿De verdad se le ocurrió proponerle algo a Mas?

Unirse para reformar el Estado. ¿Cuántas veces hemos leído el mantra de que Cataluña se ha hecho secesionista porque Rajoy no quiso negociar el pacto fiscal en septiembre de 2012? He aquí la prueba de la falacia: Urkullu, un alter ego, le ofrece negociar un Estado alternativo y se encuentra con que Mas no está por la labor, que él iba a otro asunto. Qué gran motivo de reflexión para Sánchez, que piensa desactivar tentaciones secesionistas con su modelo federal. Si una propuesta de Urkullu no consiguió interesarles, ¿por qué habría de hacerlo un modelo federal, basado en ciudadanos libres e iguales y en el principio de lealtad? Cada vez que oigo a una persona decir en una misma conversación: ‘fábrica de independentistas’ y ‘choque de trenes’ o escribir ambos sintagmas dentro de una misma columna, no puedo evitar la impresión de encontrarme ante un imbécil.

De la primera expresión de deduce que la forma más eficaz de aumentar en Cataluña los partidarios de la unidad de España sería precisamente el acceso a la independencia. La segunda le producía a mi admirado Antonio Portero una dolorida perplejidad: “pero, ¿cómo se puede llamar ‘choque de trenes’ al atropello de una cabra?” Tal vez, ante la amenaza de extinción del ‘ruc català’, podría hacerse de la cabra el animal totémico de Cataluña. La cabra catalana no ve en peligro su continuidad y tiene el doble de entradas en el buscador de Google. El burro tiene su aquel en cuanto a capacidad de raciocinio y sabiduría, pero ganaríamos mucho si a los líderes del separatismo catalán se les pegara el equilibrio psicosomático de la cabra. Además, sería una gran interlocutora para la cabra de la Legión con que sueña por las noches Raül Romeva.

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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