CIS en campaña

El CIS es el primer acto de la campaña para el 20-D como la Lotería de Navidad es el primer acto religioso del solsticio de invierno, que es como llama a las fiestas que vienen el laicismo que preconiza la alcaldesa de Madrid, entre el turismo de los amigos que vienen para jugar al bridge con los aborígenes (bridge en castellano quiere decir brisca) y disfrutar el espectáculo de los niños madrileños recogiendo colillas, como Pablito Calvo y Antonio Vico, el tío Jacinto en aquella joya del neorrealismo español que dirigió Ladislao Vajda. Tío y sobrino recogían colillas, a las que quitaban el papel y la parte quemada para liar de nuevo el tabaco resultante y vender los cigarrillos. Nada como nuestra izquierda para conseguir un delicioso sabor a déjà vu, déjà fumée.

Al ver la encuesta del CIS siempre me recuerda a las europeas de 2004, en las que se produjo una participación del 45%. Una semana después de la cita electoral, los españoles confesaban haber votado en un 60,8%. Con todo, la que conocimos ayer era de las más verosímiles que hemos visto este año. El ganador, muy demediado, va a ser el PP (120-128) seguido del PSOE, que debe de ver como un ensueño el suelo de Rubalcaba, que había obtenido entre 21 y 33 escaños más de los que le pronostica ahora el CIS (77-89), menuda horquilla, pero que sigue conservando el segundo puesto. Los emergentes alcanzan: un tercer puesto Ciudadanos, con 63-66 escaños y en cuarto lugar Podemos, con 45-49 diputados, la mitad para la marca genuina de PabloIglesias y la otra mitad a repartir entre la alianza que dicha marca ha forjado con Compromís, con Colau y con las Mareas.

Con estos resultados, la única posibilidad de tener Gobierno sería un pacto del PP con C’s, que cuenta con un doble inconveniente: el PP se aplica a zurrar la badana a su único aliado posible, y Albert Rivera está dispuesto a empelotarse otra vez, si es preciso con su concejal de Castilleja de la Cuesta, para demostrar que no ayudará a gobernar al PP. Es de esperar que después del 20-D haga lo que tenga que hacer y la responsabilidad le pida. Baste imaginar que el único Gobierno alternativo sería el de los tres participantes en el debate de El País para percibir el tamaño del dislate.

Con el PSOE instalado en esa horquilla, el joven Sánchez se preguntará por qué coño dimitiría Joaquín Almunia, que había obtenido en marzo de 2000 36 escaños más que la mejor de sus opciones. Se lo explicarán sus compañeros. Pdro y la señora del pulgar se buscarán un ocio creativo y Podemos montará un circo de tres pistas con cuatro grupos parlamentarios que van a dar alegría y diversión a los más pequeños de la casa.

Ante este panorama cabe preguntarse por qué sólo hay una opción más improbable que el tripartito PSOE-C’s-Podemos, que es la gran coalición PP-PSOE. El bipartidismo no es tan malo, aunque el PSOE no recuerde nada al SPD, ni Sánchez a Gerhard Schröder. A lo que estamos asistiendo ahora mismo es al nacimiento de un bipartidismo de dos velocidades.

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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