El gran momento de Snchz

Al igual que monsieur Jourdain hablaba en prosa sin saberlo. Pdro es gramsciano sin haberlo leído, algo que tiene en común con Pblo. Como el Gramsci original, él tiene a su lado un Palmiro Togliatti de Bobadilla que le explica los pasajes difíciles y le apunta máximas del maestro. Lo de Podemos y Gramsci era mera coartada, lo descubrí en una foto de Monedero, que usaba el retrato del fundador para tapar el símbolo imperialista, la manzana de Apple con el mordisco de la tentación en la trasera de su iPad.

El caso es que César Luena, intelectual riojano, debió de explicarle una máxima gramsciana: «Contra el pesimismo de la inteligencia, el optimismo de la voluntad». A falta de materia prima que le abone el pesimismo, se ha apuntado a la euforia interpretativa, estamos haciendo historia, los españoles han votado por la izquierda y por el cambio y quieren que lo pilote yo. Era mucho decir, mucho optimismo y mucha voluntad. La prensa amiga puntualizaba ayer con una perífrasis admirable después de llamarle sutilmente cagaprisas: «Los socialistas se enfrentan a la realidad de no haber obtenido en absoluto un buen resultado en las urnas». Era una forma de decirlo.

En la cultura de los socialistas no se conjuga el verbo dimitir detrás de un descalabro, salvo el caso admirable de Joaquín Almunia en marzo de 2000. Zapatero debió imitarle en 2011, en vez de darse a la fuga: asumir el juicio de las urnas, dimitir la misma noche e iniciar un proceso de refundación y corrección de errores para haber estado ahora en condiciones de ganar al PP. No ha podido ser. Puestos a optar entre ser César y nada, prefieren la certeza de ser cabo furriel y seguir administrando el rancho del cuartel, que es en lo que está ahora mismo Sánchez. Los barones que gobiernan sus comunidades con Podemos pretenden que Sánchez no lo haga: Gª Page, Ximo Puig y Fdez. Vara. El más enérgico, Carmona, que regaló Madrid a Carmena. Asuntos internos.

Sólo Podemos tiene motivos para la satisfacción, buenos resultados y una posición estratégica ventajosa, frente al hundimiento del PSOE, su renuncia al bipartidismo, la debacle del PP y la cortedad de resultados de C’s. Si Rivera no hubiese cometido errores tan de libro esto sería más evidente aún.

Lo más que en buena lógica puede arrancar hoy Sanchez al Comité Federal es que no negociará el imposible derecho a decidir con Podemos. No está claro que Podemos esté en condiciones de relajar esa condición. No por los principios evanescentes de Iglesias, sino porque tal vez no pueda convencer a los 27 escaños que tienen las Colau, Oltra, Beiras y otras mareas. Le quedaría postularse y esperar a que todos le apoyen como un solo hombre (y una sola mujer) con tal de echar a Rajoy.

Para Sánchez es una maniobra desesperada. Tiene que seguir pedaleando para no caerse de la bici, mientras a su verdadero adversario le favorece todo. Y sin dejar de humillarlo, en plan: yo quiero negociar con Susana o con quien mande aquí. Ayudar a gobernar a Sánchez (si pudiera) le vendría bien para seguir comiéndole el terreno.

Negarse colocaría al candidato socialista en posición difícil para él y su partido, que no tendría más remedio que sustituirlo. La repetición de las elecciones puede que cabreara al cuerpo electoral, pero de los cuatro partidos, dos tendrían posibilidades de mejorar resultados: PP y Podemos, a costa de Ciudadanos y PSOE. Rivera ha hecho una propuesta razonable para la que parece tarde, salvo que tenga alguna ocurrencia brillante en su reunión con Rajoy esta mañana.

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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