Hombre para el Congreso

La democracia es un sistema para la promoción de oportunidades. Pedro Sánchez aspira a la Presidencia del Gobierno, apoyado por dos partidos que no están por la tarea. Como prueba preliminar va a colocar en la tercera magistratura del Estado, la Presidencia del Congreso, a Patxi López. Hay precedentes. Ya tuvimos a Javier Rojo como presidente del Senado dos legislaturas.

El PSOE considera que el Congreso debe presidirlo un partido distinto al ganador, criterio que no sostuvo en ninguna de las seis legislaturas que siguieron a los comicios que ganó. Tampoco le parecería inconveniente que ambas responsabilidades recaigan ahora en el segundo partido; Sánchez y López en plan ticket. Ciudadanos opina que Patxi es un buen candidato, quizá por su sólida formación jurídica. Al PP tampoco le parece mal, en parte porque así obtiene tres puestos en la mesa, (que con los dos de C’s hacen mayoría), en parte porque les va la marcha. En Mondragón aún se recuerda el pollo que le montó López a Rajoy en la capilla ardiente de Isaías Carrasco, de donde lo expulsó con cajas destempladas. Al año siguiente, López fue lehendakari tras unas elecciones en las que había quedado segundo. El PNV obtuvo cinco escaños más, pero López se invistió con sus 25, más los 13 del PP que le completaron la mayoría.

Jamás tuvo una palabra de agradecimiento, ni siquiera de consideración. Durante su legislatura, el portavoz de los socialistas en el Parlamento vasco descalificó con un regüeldo a sus socios del PP en un mitin para las municipales de 2011: «A la derecha, en cuanto abre la boca se le ven las caries del franquismo». Alguna vez tengo dicho que los socialistas van a los pactos con el PP como los menestrales de provincias de putas: de noche y por el callejón. Ya lo dice la sentencia popular: «Amor de puta y vino de frasco, a la noche gusta y a la mañana da asco». Luego no entendían que las encuestas valorasen tan poco a un Gobierno que se desprestigiaba a sí mismo.

Quizá el joven Sánchez ha pensado que nadie mejor que Patxi López para presidir el Congreso, para que se entienda que este no es el primer paso para que deponga sus ambiciones, cuente sus posibilidades reales de construir una mayoría y acepte como mal menor la investidura de Rajoy. No es el caso, ni siquiera quiso hablar con él, pero los socialistas son un poco raros para estas cosas. Mientras López gobernaba Euskadi con el apoyo del PP, el presidente del Gobierno de España, José Luis Rodríguez Zapatero, negociaba las transferencias pendientes, no de Gobierno a Gobierno, como mandan la tradición y las leyes, sino con el primer partido de la oposición en la Cámara vasca, el PNV.

López mejoró las expectativas que despertaba al llegar a Ajuria Enea. A ver si se repite la sorpresa.

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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