Contactos con tacto

El jefe del Estado termina hoy su ronda de contactos con los representantes de los partidos: el secretario general de Podemos, el del PSOE y el presidente del PP, mientras la democracia española adquiere tintes más pintorescos de los que tuvo nunca.

La primera cuestión es el papel del Rey al encargar a un candidato la formación de Gobierno. Resultados parecidos no se habían dado en ninguna de las once elecciones generales anteriores. ¿Debe encargárselo al candidato que haya obtenido mayor número de escaños o a quien tenga más apoyos para la investidura? Si fuera lo primero, su función sería perfectamente irrelevante. Bastaría con que el candidato ganador fuera a presentarle sus respetos protocolariamente para anunciarle su intención de acudir a la investidura.

Si fuera lo segundo, el Jefe del Estado tampoco tiene datos, –no puede tenerlos–, de que otro candidato reúna los apoyos necesarios. Pablo Iglesias dirá algo esta mañana, contará todo lo que le diga el Rey pero no es fácil que comprometa su apoyo a Snchz. Es una buena ocasión para que le regale La ética de la razón pura a la par que explica a su anfitrión el deseo que le confesaba al Follonero, de comparecer con la Reina Letizia en rueda de prensa para anunciar que ambos han decidido someter la Monarquía a referéndum y dar ocasión de que su interlocutor le explique lo descabellado de la propuesta y el contenido del artículo 58 de la Constitución.

El PNV, lo tengo dicho, sólo ha anunciado su rechazo a Mariano Rajoy, pero esperará pacientemente a que Pedro Sánchez necesite sus votos para vendérselos a cojón de obispo, que solían decir en mi pueblo como antonomasia de lo prohibitivo. Dura disyuntiva la del Rey: tener que encargar el Gobierno a un candidato con mayoría expresa en contra o confiar la tarea a otro que no tiene una mayoría suficiente a su favor.

En el mes transcurrido desde los comicios, los hechos han dado también la ocasión de distinguir los ecos de las voces y las ideas de las ocurrencias. Un suponer, la brillante propuesta de Albert Rivera para encargar la Presidencia del Congreso a un partido que no haya ganado las elecciones, con el fin de garantizar la independencia del Legislativo respecto al Ejecutivo. Negarle las dos magistraturas al primero y que sí puedan recaer en el segundo.

Hubo un tiempo en que estas audiencias con el Rey se interpretaban como secreto de Estado por los políticos de todo pelaje y tendencia; los de derecha y los de izquierda. Felipe y Carrillo salían de La Zarzuela y no contaban ni mú de las confidencias de Don Juan Carlos, si es que las hacía. Don Felipe parece más abierto y ha ido contando a unos y a otros que la cosa está complicada, que cómo veis una reforma de la Constitución para terminar confiando ¡a Baldoví! que el orden natural de las cosas es que vaya Rajoy, salvo que desista, momento aprovechado por Snchz para brillar con una de sus ocurrencias: «Si Rajoy no presenta su investidura que se vaya a casa», tautología del tipo: «Si tira la toalla, que no se moleste en salir en el siguiente asalto».

Pedro Sánchez mal esconde la intención de laminar a varias bandas al candidato y será don obvio, pero eso no le quita del todo la razón. Rajoy debería acudir a la investidura y hacer una oferta que no pudiera rechazar Sánchez. O sí, pero a un precio político alto. Esta democracia nuestra, llamémosla así, pide a gritos las elecciones a dos vueltas. En su defecto, si el Rey tiene una función no meramente protocolaria, podría mandar a sus interlocutores a reflexionar y exponerle sus preferencias con mayor claridad en la segunda ronda.

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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