El resplandor del sondeo

A la manera del padre de Sabina, que en su lecho de muerte quería saber de dónde sacaban tanto dinero las diputaciones, a uno no le gustaría entregar la cuchara sin saber cómo se las arregla el CIS para que los españoles le confiesen que sus líderes naturales son Alberto Garzón y un tal Xavier Domènech. Ministro de Economía el primero y de la Plurinacionalidad el otro, en el Gobierno PSOE-Podemos-IU, lo que avala el ojo clínico de Pablo Iglesias para el casting y lo justificada que está su confianza en las encuestas.

Es verdad que el CIS se ha ganado una cierta reputación en el arte de escudriñar las entrañas de la oca, salvando algunas menudencias (o menudillos), como el error de casi 31 puntos en las europeas de 2004. La participación que calculó en 76,7% se quedó en 45,9%. Pero la incertidumbre básica es inamovible: ¿para qué se hacen unos sondeos sobre intención de voto a los 10 días de haber celebrado unas elecciones generales? ¿Y todo esto quién lo paga, como dijo Pla, admirado ante el resplandor nocturno de Nueva York?

El caso es que el CIS hizo a comienzos de enero una encuesta cuyos resultados conocimos ayer: un levísimo repunte del PP –una décima–, un retroceso de punto y medio del PSOE, que pierde su segundo puesto a favor de Podemos –que gana 1,24 puntos–, y un retroceso de seis décimas de Ciudadanos. Poca cosa, como verán, todo compatible con un margen de error normal. El trabajo de campo se realizó antes de la operación Taula, que no habrá servido para mejorar las expectativas del PP.

«Esto empieza bien», había dicho el joven Snchz la víspera, con la agudeza que es marca de la casa. Hoy, con el sondeo del CIS aún fresco, Pedro recibe a Pablo, ¿o es Pablo quien recibe a Pedro? Los datos no son relevantes, pero esta es una tropa que cree más en los sondeos que en los resultados, como se demostró en los debates electorales, que dejaron fuera a dos partidos con grupo propio en el Congreso para dar cabida a uno que sólo tenía encuestas. Por otra parte, no le arriendo la ganancia a Young Sánchez. Los peores resultados de la historia de su partido y bajando en las encuestas. Pablo Iglesias, cuyo ego no le cabe en la bragueta de ordinario, estará intratable esta mañana. Sin contar con las dudas que el sondeo habrá vuelto a suscitar en el ánimo de los barones y la baronesa.

Los resultados son irrelevantes, ya digo, pero subrayan la fragilidad del aspirante. De su inconsistencia intelectual y política ya ha dado suficientes muestras con sus palabras y sus hechos. Si necesitaba la abstención del PP para su pacto con Ciudadanos, se la ha trabajado con bastante estupidez. La ofensa y la exclusión no son armas de seducción de eficacia contrastada. Pedro Sánchez no debería creer que sus enemigos, que no adversarios, tengan la misma falta de autoestima que sus compañeros vascos, de los que dijo Arzalluz «hemos tenido que taparnos los ojos, los oídos y hasta la nariz para gobernar con estos», sin que el PSE se atreviera a rechistar.

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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