Cálculo de probabilidades

Felipe González hizo ayer unas declaraciones de interés. No por la precisión de su lenguaje, que nunca ha sido su fuerte, sino por su sentido general. Es «posible incluso probable» que las elecciones tengan que repetirse, aunque los resultados podrían no variar mucho y le ha advertido a Susana Díaz que en su lugar él no lo haría. Ni para la Secretaría General ni para La Moncloa. La probabilidad es un concepto matemático que oscila entre 0 –imposibilidad absoluta– y 1, que es la certeza total, pero es bastante probable –más de 0,5 y menos de 1– que tengamos repetición de elecciones.

Cualquiera de las dos opciones reales de pacto tiene severos inconvenientes. La que propone el PP no es contemplada por el PSOE ni siquiera como hipótesis de trabajo. Están los 17 noes de Sánchez a Rajoy, su negativa a reunirse para negociar, a remitir al PP el documento socialista de los 53 folios, así como a hacer acuse de recibo de los cinco puntos propuestos por el PP. La variante del tripartito consistente en que los populares permitieran un Gobierno del PSOE con Ciudadanos mediante su abstención tiene un grado de probabilidad equivalente a cero.

Rajoy no lo acepta y, a juzgar por los signos, Sánchez tampoco. Nadie que necesite la cooperación de otro para sus propósitos se dedica a ofenderlo de palabra y obra, como hace permanentemente Pedro y como hizo ayer el portavoz Hernando. Hasta el pobre Luena, César y nada, se le pone farruco a don Mariano. Si Pdro hubiera empleado esos procedimientos para ligar aún seguiría virgen.

Tampoco parece una manera de trabajarse la abstención popular negarles en todo momento la cualidad de interlocutores y hurtarles la información que envía a todos los demás, salvo a los independentistas, con los que sí tuvo la deferencia de cederles dos senadores para que pudieran constituir sus propios grupos. Eso sí es trabajarse la abstención con un detalle, un agasajo, un qué sé yo.

La previsión de someter su pacto por la investidura a la aprobación de las bases sólo tendría sentido si su opción preferida fuera el pacto con Podemos. Si el acuerdo preferente fuera con Ciudadanos no necesitaría consultárselo a las bases porque nadie lo discute.

Felipe sabe que Pdro ha ganado la partida al Comité Federal, aunque la dirección de su partido tenga sus preferencias en los monaguillos del chavismo-madurismo y desde que interrumpió aquella serie que empezó a publicar en El País el 2 de enero no haya vuelto a rechistar. Él mismo ha renunciado a plantear batalla. Todo depende de Pablo Iglesias y los suyos. Su ministro de la Plurinacionalidad ha dicho que lo que les importa es que «en el acuerdo final aparezca la palabra referéndum» y que ya es bastante que admitan al PSOE en el Gobierno.

Es de suponer que la predisposición de Sánchez a dejarse humillar por Iglesias tenga límite. También puede que Podemos esté en un postureo tipo CUP o que todo esto no sea más que una larga, descabellada campaña electoral para un hecho que todos dan por inevitable.

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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