Alto contenido social

Pablo Iglesias hablaba hace un par de años a las Juventudes Comunistas de Zaragoza cuando uno de los asistentes le preguntó qué era más importante, si la propaganda o la educación. «¿Propaganda o educación? Propaganda, sin lugar a dudas». Posemos está empleado en singular batalla con el PSOE: Pedro, si te reúnes con Albert antes que conmigo olvídate de mí. Tenemos que sentarnos para decidir si nos sentamos. Un clásico universitario: hagamos una asamblea para decidir si hacemos una asamblea.

Pablo está dispuesto a dejar a los socialistas el Ministerio de Igualdad y la embajada en Kuala Lumpur, que es plaza soleada, y no busca el poder por el poder. Él quiere materias con alto contenido social. Por ejemplo el BOE. No hay precedentes de que en una negociación para formar Gobierno una de las partes se haya pedido el BOE. Tal vez crean que al boletín se le puede sacar tanto partido para cambiar la realidad como a La Sexta si pones a un director amigo.

También puede que TaniaVaciamadridtenga un hermano en el sector de papel prensa, aunque deberían saber que el BOE ya no se edita en papel, solo Internet. Otras materias sociales que reivindica son: el CNI y el CIS (el que paga al gaitero, pide la tonada), la Secretaría de Estado de Comunicación y la Televisión.

Habrá otra secretaría de Estado, contra la corrupción, que dependerá del vicepresidente, o sea, él, contrapeso y garantía. No considerará corrupción la financiación de un partido español por gobiernos extranjeros (tal como dice la Ley 8/2007 de Financiación), sean dictaduras bolivarianas o repúblicas islamistas. Tampoco las becas que concedan los catedráticos de Podemos al número dos del partido para realizar un trabajo sobre materias en las que es perfectamente incompetente. Y así. Otro día hablaremos de los encargos a Monedero.

Pablo debería madurar intelectualmente. Y leer a Kant. A un tipo adulto que aspira a presidir el Gobierno de su país no le cuadra como peana una serie televisiva. Esta insuficiencia se reveló de forma harto patética cuando le regaló su serie favorita –¡Juego de Tronos!– a un Rey profesional. Mira, Pablo, me vas a perdonar el tuteo que tu practicas con el Rey y que tu alcaldesa Carmena dispensa universalmente de manera conmiserativa. Olvida las chorradas de los Lannister y compra las memorias de JeanFrançois Revel, El ladrón en la casa vacía.

Lee el capítulo que le dedica a Mitterrand e inspírate en un profesional de las putadas. Revel, no sé si sabes, fue una de las grandes cabezas políticas de Europa en el siglo XX y definía al que fue presidente de la República como uno de esos políticos «cuya razón de ser está en la oposición (…). Por eso, el papel que mejor encarnó en la política fue el de presidir gobiernos de cohabitación, que le permitía ser a la vez el jefe del Estado y el líder de la oposición, por lo que disfrutaba de las ventajas de la presidencia mientras se divertía destruyendo al primer ministro». Mitterrand tenía más clase, pero tú tienes más fácil la tarea de oposición como vice que él de jefe del Estado.

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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