Trotacapillas

El Mundo, 19-2-16

La portavoz de Ahora Podemos en Madrid es mujer precavida. Antes de ser juzgada ayer por un presunto delito contra la libertad de conciencia, Rita Maestre, nuestra heroína si tuviera vigencia este lenguaje, visitó discretamente al arzobispo de Madrid para pedirle disculpas por los hechos.

El arzobispo se mostró partidario de pelillos a la mar, aunque ella debería tener en cuenta una cosa: el arzobispo puede absolverla del pecado, pero carece de jurisdicción penal para eximirla de condena por un delito del que pudiera resultar culpable. Hay precedentes: Juan Pablo II visitó en su celda al turco Ali Agca, que había atentado contra él. El terrorista le pidió perdón y el Papa se lo dio, pero tuvo que seguir en la cárcel 17 años más.

Ella quizá no distinga entre una democracia mejorable como ésta, y la teocracia iraní que patrocina a su partido y pone una televisión al servicio de Pablo y sus coleguis. Una diferencia básica es que en las teocracias, pecado y delito son una misma cosa, y en la democracia no.

Después contó los hechos a la periodista Lindo, pero no hiló un relato coherente: ella fue a la facul, se sumó a la movida y al entrar en la capilla, donde se gritaron consignas, se limitó a mirar y a flipar. La periodista pudo preguntar si ella gritó consignas y cuáles: «Arderéis como en el 36», «Vamos a quemar la Conferencia Episcopal», «el Papa no nos deja comernos las almejas», «contra el Vaticano poder clitoriano» y «sacad vuestros rosarios de nuestros ovarios».

También pudo preguntar si se desnudó y cuánto. No lo hizo, aunque los detalles son relevantes en ese sacramento. De los ya lejanos tiempos en que yo era usuario, el confesor siempre me preguntaba: «A ver, hijo mío, ¿cuántas veces? ¿Solo o en compañía de otras personas? ¿De tu mismo sexo o del opuesto?». Al tribunal le mintió algo, pero menos: su performance fue muda y no gritó consignas. Y sí, se quitó la camiseta y se quedó en suje. También dijo que «un torso desnudo no me parece ofensivo». Ni un coito, querida; todos (y todas) venimos de uno.

Es probable que el tribunal la absuelva del delito; Osoro ya la absolvió del pecado por lo religioso y la periodista por lo civil. «¿Juicio a una activista o a una generación?», rezaba en la portada un sorprendente titular.

Hay que ser indulgentes con los niños. Yo mismo lo fui, y cuando tenía ocho años metí unas cabras en la iglesia de mi pueblo en compañía de mis amigos durante unas vísperas. Rita, a los 22, debería haber tenido un poco más de juicio, pero en fin. Me llama mucho la atención el sexismo, la obsesión por sus menudillos, que estos días ha actualizado la poetastra de Ada Colau, por si no le bastara su meona.

Por aquellas fechas, el número dos de su partido, protagonizó un escrache dirigido por Pablo a Rosa Díez en la facul, pero no dijo «epidídimo», «cuerpo cavernoso» o «¡qué cosa tan grande tenemos en el glande!». Habría que equilibrar esto. Quizá en un programa de Fort Apache: «No nos deja el ayatola comernos la pirola». En Hispan-TV. O en la mezquita de la M-30 a la hora del rezo.

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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