Esto no marcha

El Mundo, 24-2-2016

Como los virtuosos del ajedrez, Sánchez juega en varios tableros a la vez: un mano a mano con Albert Rivera, en otro ha puesto a José Enrique Serrano con C’s, mientras los cinco que le quedan juegan una partida asamblearia contra el resto del mundo salvo el PP. Qué digo asamblearia, tumultuaria. Anteayer vivió Alberto Garzón sus horas de gloria. Imaginen: la fuerza política que ha organizado este belén es una candidatura que consiguió hacerse con un par de escaños en la elecciones del 20-D y un honroso octavo puesto en el ranking parlamentario. En el Congreso, menos representación que Garzón solo tienen EH-Bildu, que le empata a escaños, y Coalición Canaria, que tiene uno menos.

Bueno, pues una fuerza que tiene dos diputados de 350, monta una negociación en la que sienta a cinco representantes de un total de 22 (8 de Podemos, 5 del PSOE, 5 de IU y 4 de Compromís). En la izquierda convencional pesa mucho el afán de multitud, tipo presidencia de honor de los Congresos del PCUS. Habrán notado también que faltaba Iglesias, pero es que él, llamado a ser el vicetodo no va adonde no vaya su presidente, aunque uno en el lugar de Sánchez, y dados los antecedentes familiares de quién le invita a dar paseos, se lo pensaría dos veces. Benditos los viejos tiempos en que los nietos sólo heredaban del abuelo republicano la afición a comer melón con sal.

Hay un problema básico no resuelto que C’s sí ha planteado en varias ocasiones y que señala con razón Iglesias: el acuerdo que ellos buscan con el PSOE tiene que contar con el PP. Un suponer, la reforma exprés de la Constitución propuesta por Rivera y aceptada por Sánchez. Son cinco puntos razonables, pero los que afectan a la Carta Magna (art. 167 C.E.) requieren los 3/5 de cada una de las cámaras, 210 diputados y 125 senadores. La heroica suma de PSOE, C’s y Podemos se quedaría a 11 escaños en el Congreso. Y ya del Senado, donde el PP tiene 40 escaños más que todos los demás juntos, ni hablamos.

El PP podría aceptar cuatro de los cinco puntos, la supresión de las Diputaciones no, para qué nos vamos a engañar. En realidad, el PSOE tampoco. Pero todo es muy complejo, recuerden que Rivera quería suprimir el Senado y Sánchez llevarlo a Territorio Colau, que viene a ser lo mismo. Y los pujos de honradez de Pedro. Ayer, la Audiencia Nacional hizo un recordatorio al condenar a dos años de cárcel a Hernández Moltó, aquel Savonarola que el 15 de abril de 1994 impartía clases de decencia a un acojonado gobernador del Banco de España: «¡Míreme a la cara, señor Rubio!».

Pablo Iglesias se ofrecía la semana pasada como garante de un Gobierno de cambio y como celoso vigilante de la honestidad y la lucha contra la corrupción. También de la eficacia: «el Gobierno de gran coalición sería un desastre para España». Lo decía ayer mismo un becario de la Venezuela chavista, el país más corrupto de América, y de Grecia (aguanta, Alexis, que ya vamos) el más corrupto de Europa. Pero no sólo de honestidad vive el hombre. Para la cosa material tiene los modelos de gestión de Maduro y Tsipras. ¡Virgen santa!

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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