Momento Infanta

El Mundo, 4-3-16

Ayer llegamos al momento cumbre del caso Nóos con el interrogatorio de la Infanta Cristina de Borbón y Grecia, tan largamente demorada, tan ansiosamente perseguida y finalmente sentada en el banquillo. Siempre tuve la impresión de que la Infanta no debería haber pasado por este trance. Por las mismas razones por las que el Supremo no aceptó el caso de las cesiones de crédito de Botín, en el que la acusación era sostenida en solitario por la acusación popular.

El juez Castro no concebía esa razón y decidió sentar a la Infanta el 23 de diciembre de 2014. La noticia llenó todas las portadas de la prensa nacional el 24, el mismo día en que el hermano de la acusada iba a dirigir su primer discurso navideño como Rey. ¿No habría otro día? Por otra parte, el maestro Billy Wilder había explicado que las causalidades se admiten, pero sólo en los primeros 10 minutos de la película. El juez Castro podría haber estado el martes y el miércoles en la bancada de Posemos en el Congreso, aplaudiendo el mitin de su jefe junto a su colega Rosell, si no fuera porque Iglesias le hizo la oferta tarde.

La letrada de Manos Limpias Virginia López Negrete tenía que haber declarado el pasado 25 de febrero ante el Juzgado número 18 de Madrid como imputada o investigada por un delito de apropiación indebida, al haberse repartido (presuntamente) 110.000 euros con el secretario general de Manos Limpias, Miguel Bernad, dinero que procedía de las aportaciones de los estafados por Afinsa.

No fue a declarar porque tenía que ejercer la acusación popular en el caso Nóos. Volvió a ser citada el pasado día 1, pero se negó porque la comparecencia «iba a ser grabada en vídeo» y la letrada se maliciaba que «la fiscal iba a filtrar la declaración para desacreditarla».

Dos días después era la Infanta la que se negaba a responder a sus preguntas. Váyase lo uno por lo otro. ¿Cabe preguntarse si puede sustentarse la acusación únicamente sobre la acusación popular? Tengo alguna vez escrito que Cristina de Borbón es una pobre niña rica enamorada de su marido. Woody Allen explicaba un caso parecido en Blue Jasmine, con la gran Cate Blanchett en el papel de esposa confiada.

«Quien no tiene nada que ocultar se enfrenta a las preguntas», dijo la abogada de Manos Limpias a la salida. «Como yo misma en el juzgado nº 18 de Madrid», podría haber añadido. Detrás de ella salieron Urdangarin y la Infanta, lo que sublevó el alma calcetera del pueblo, al grito de: «¡Cabrones, sinvergüenzas!». Creo que la acusación contra Cristina de Borbón no va a ir más allá, siempre que su marido no se empeñe en exculparla. No es coherente sostener que él no daba un paso sin consultar al secretario Revenga, en contradicción consigo mismo y con la posibilidad de que el secretario de las Infantas no informara a estas de lo que les atañía. A uno no le parece que estuvo muy lista, pero tampoco cabe la defensa Messi: «Este… yo no sé nada de esas cosas. La plata la manejaba mi papá».

Anuncios

Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
Esta entrada fue publicada en Sin categoría. Guarda el enlace permanente.