Un jodido oficio

El Mundo, 11-3-16

Un signo claro de la crisis es que la gente de Posemos se clasifica entre Pablistas y Errejonistas. A partir de aquí todo es posible. Errejón tiene algo de niño redicho, un don que le suscita una comprensible simpatía maternal de las mujeres añosas. Más que los textos del muchacho. Vean un ejemplo de hace meses: «La hegemonía se mueve en la tensión entre el núcleo irradiador y la seducción de los sectores aliados laterales». El propio Pablo se enterneció en un tuit: «Es que ser intelectual es muy jodido».

De hecho, y con la capacidad para montarse líos que tiene el presidente del Congreso, uno se teme que cualquier día Patxi dé la palabra al niño de la Bescansa mientras la madre le da teta a Íñigo Errejón. ¿Es Pablo el núcleo irradiador e Íñigo el sector aliado y seducido? No me lo preguntéis a mí, que soy ignorante. Doctores tiene La Sexta que sabrán responder.

El secretario de Organización de Madrid dimitió porque no soporta a Luis Alegre (y Olé), un tipo cuyo físico y palabras desmienten su apellido. Otro becario de Maduro. Al día siguiente dimitieron nueve en plan solidario. Y Errejón, el niño de la Beca, ha escrito una carta a las bases para pedir firmeza. 400 palabras, aunque resultan tan abstrusas como el tuit del núcleo irradiador.

«Hola compas», dice a guisa de saludo, como si fuera la Reina. «Trasladar un problema de Madrid a estatal es obviamente un arma que querrán arrojar y amplificar para evitar así, hablar del escoramiento del PSOE hacia la gran coalición de la mano de Rivera». Madrid, rompeolas de todas las Españas, escribió Machado, aunque el niño Errejón no conoce esa razón. ¿Madrid? No, es la sexta organización del partido que hace crisis. Galicia tiene la suya. Y Cantabria, y Euskadi, y La Rioja y Cataluña.

Pero todo es culpa del PSOE para disimular su búsqueda de gran coalición con el PP. Impresionante. Cualquier observador desapasionado habrá podido comprobar cómo Pedro ha seguido tendiendo su mano mendicante a Pablo, sin importarle el tamaño de la injuria previamente recibida ni la ofensa de la cal viva. Pedro y Albert se niegan a reunirse con don Mariano, ese tipo extravagante con aire de maestro en el parvulario. Pedro ha dicho con rotundidad que él va a ser presidente del Gobierno y que está dispuesto a darle a Pablo lo que pide, una vicepresidencia. ¿Aceptará que le den una segunda a Albert?

No había visto muestras de una capacidad analítica semejante desde la que exhibía el estólido nazi compañero de pensión de Liza Minnelli y Michael York en Cabaret, capaz de despertar el espíritu crítico de la dueña, a pesar de ser tonta: «Pero herr Ludwig, si todos los judíos son banqueros, ¿cómo pueden ser al mismo tiempo comunistas?» A lo que el interrogado respondía: «Sutiles, son muy sutiles, fraülein Kost. Si no pueden destruirnos de una forma, lo intentan de otra».

No es una pelea política, sino intelectual y los intelectuales, ya lo dijo Woody Allen, «son como la mafia: sólo matan a los suyos».

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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