Nos, la Secretaría General

La nota de prensa de Posemos incurre en notables atropellos en las 114 palabras que contiene. Había escrito Juaristi que el camarada secretario es «semiculto». El reciente académico Félix de Azúa le había cambiado el prefijo: in, en lugar de semi: «Una persona que cada vez que cita a un clásico de la filosofía lo cita mal es un ignorante y alguien con poca cultura, algo que me parece general en los dirigentes de Podemos».

Una nota de prensa es una herramienta de comunicación con evidente vocación externa. Es un disparate calificarla de «comunicado interno». El DRAE llama a esto «circular». Externo-interno, menos Juegos de Tronos y más Barrio Sésamo.

El jefe se institucionaliza, expresándose en tercera persona del singular –«la Secretaría General lamenta comunicar el cese»– para pasar a la primera persona del plural –«agradecemos el buen trabajo realizado»– y con una virguería adversativa, un solo pero, explica la purga con una aporía magistral, por «una gestión deficiente que ha dañado gravemente a Podemos». Esto fue también un hallazgo de la prosa franquista, para la que el «agradecimiento de los servicios prestados» era sencillamente la destitución, a la que un solecismo de la dictadura heredado por los viejos partidos y por éste aceptan llamar «cese».

Cesar es un verbo intransitivo. Sólo se puede cesar a petición propia, como se decía con cierto pleonasmo antiguamente. Tampoco debe extrañar que en este lenguaje bolchevique se cese a un Pascual cualquiera; en los viejos tiempos ya habían convertido en transitiva la autocrítica: camarada, te vamos a someter a una autocrítica que te vas a enterar.

Tiene la purga de Pascual una marca de fábrica comunista en versión incruenta. Entre los dos grandes males del siglo XX hay dos aspectos en que el horror comunista supera al del nazismo: la violación como arma de guerra (dos millones de alemanas violadas por las tropas del Ejército Rojo) y la abyección que llevaba a ejemplares comunistas a caer en las purgas del 38 gritando: «¡Viva Stalin!». El tuit del pobre Pascual –«sigo comprometido con el proyecto de mayorías para el cambio»– cumple la archifamosa cita de Marx: la tragedia como farsa.

Defender la belleza titula Pablo Manuel su epístola a los círculos y comienza con: «Nacimos para cambiar el rumbo de la Historia». De haberlo conocido, Borges le habría dedicado un capítulo en su Historia universal de la infamia: La atroz cursilería del secretario general. La novia del jefe, ‘Irene Krupskaia’, ha descrito el tema en términos afectivos: «Somos una familia y nos queremos y se nota en nuestros cuerpos y en cómo nos tocamos». Lástima que al pobre Pascual le hayan tocado en forma de tacto rectal.

Once veces repite el término «belleza» en el texto, aunque no es una invocación inocente. Ya sabemos que su canto a la guillotina era una metáfora soñada, una versión republicana de la campana de Huesca, como el «asaltar los cielos» no era tanto una cita equivocada de Marx como la metáfora de Mercader y su piolet en aquel documental de López-Linares y Rioyo.

Esta belleza tan invocada mama de la pulsión de muerte de W. B. Yeats en su poema Pascua de 1916, en homenaje a los 16 fusilados tras el levantamiento de Irlanda aquel lunes de Pascua: Una terrible belleza ha nacido. La atroz cursilería acompaña con armonía a la insondable estupidez: Pascual viene de Pascua y Sánchez ha pedido a Tsipras que le enchufe con Iglesias para ver si éste permite al fin su investidura. Aguanta, Pedro, que ya vienen. ¿Qué pensará de esto mi Albert Rivera? ¿Y los socialistas decentes y sensatos, que los hay?

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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