Negociar es un MacGuffin

En el documental que recrea las conversaciones que François Truffaut y Alfred Hitchcock mantuvieron a comienzo de los años sesenta y que se materializaron en un libro magistral, El cine según Hitchcock, no existe la menor referencia al MacGuffin, uno de los trucos más recurrentes en la cinematografía del cineasta británico.

Dos hombres viajan en un tren. Uno le pregunta al otro: «¿Qué es ese paquete que ha colocado en la red?». «Oh, es un MacGuffin», responde el otro. Y el primero: «¿Y qué es un MacGuffin?». «Un aparato para cazar leones en las montañas Adirondack». Las Adirondack constituyen un macizo montañoso situado al noroeste de Nueva York. «Pero no hay leones en las Adirondacks», objeta el curioso. «Pues en ese caso tampoco es un MacGuffin».

El MacGuffin es un truco de guión que sirve para hacer avanzar la trama, pero no tiene relevancia en la Historia. Los 200 puntos del programa que los jóvenes Sánchez y Rivera firmaron en el Congreso el 24 de febrero pasado. O las botellas de vino llenas de uranio que guardaba Claude Rains en Encadenados.

No importa el énfasis que hayan puesto en ello los firmantes, que aquella misma tarde lo vieron como la piedra angular de una nueva transición, para «asentar las bases de otros 40 años de libertad y prosperidad». Tan estupendo estaba el tema que Albert Rivera repitió casi exactamente aquella frase que Ónega le escribió a Suárez sobre convertir en normal lo que a nivel de calle es simplemente normal.

Ayer hubo negociación a tres. Posemos, se dijeron entre sí y posaron. Los de Iglesias, especialistas en enseñar el pico de la enagua dejaron que las cámaras se recrearan en el título de un papel: «20 propuestas para desbloquear la situación y propiciar un Gobierno de cambio». Sólo para las cámaras, porque las otras partes contratantes no tuvieron el documento hasta el final de la reunión.

Ciudadanos lo sigue viendo difícil, lo cual es un avance, porque la víspera parecía imposible, tras el arreón que le dio Rivera a Iglesias en el Congreso. La acusación, muy razonable, de que Posemos está financiado por el país más corrupto de América y el campeón de la pena de muerte en todo el mundo era incongruente con ponerse a negociar. No se puede acusar a alguien de tener lazos con el Ku-Klux-Klan y sentarse con él al día siguiente para pactar un Gobierno. Pero levantarse de la mesa era un inconveniente no menor, porque suponía empujar a Pedro a la vía valenciana que reclama Pablo.

Podemos se negó a comparecer ante los medios y lo aplazó para hoy, mientras el portavoz Hernando siguió opinando que es muy difícil, pero no imposible. La vía del 161 no es posible, y la del 130 tampoco. Entonces sólo queda la del 199. El PSOE necesita a los dos, y los dos se han dicho que nones; ni hay leones en las Adirondacks, ni tiene sentido que C’s y Podemos sigan alimentando el paripé: de momento, se llamarán mañana para quedar el lunes, sin que se sepa muy bien para qué. Tampoco el sueño de Sánchez es a estas alturas un MacGuffin.

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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