Quien paga manda

El Mundo, 6-4-2016

Ayer por la mañana me encontré en el buzón con un díptico electoral del PSE en el que Idoia Mendia me pedía el voto para su candidatura a la Lehendakaritza. «Saber lo que tú piensas nos marca el camino». Jamás he despreciado una invitación formulada de buenas maneras y no iba a ser esta la primera vez.

Así pues, pongámonos a la tarea. Viene resultando que Hugo Chávez dio una pasta a la fundación CEPS, presidida por Alberto Montero, profesor de la Universidad de Málaga que agració con una beca black a su jefe en el partido, Íñigo Errejón, para que hiciera un trabajo en el que es lego, sin cumplir la obligación presencial del contrato y mientras dedicaba todos sus esfuerzos a dirigir la campaña de Posemos a las elecciones europeas.

Los dirigentes de la fundación que después lo serían del partido recibieron siete millones de euros, «para que en España puedan crear consensos de fuerzas políticas y movimientos sociales, propiciando en ese país cambios políticos aún más afines al Gobierno bolivariano». O sea, la gallina. Chávez no le dio el dinero a un partido, ojo, sino a una fundación para que se convirtiera en partido.

Formaban el núcleo duro de CEPS Pablo Iglesias, el propio Errejón, Juan Carlos Monedero, Carolina Bescansa y Luis Alegre (y olé). Tenían la pasta y al núcleo dirigente del partido, no hacía falta más para un partido leninista. Bueno, sí, un nombre, y también lo sacaron del movimiento bolivariano, adoptando el que tenía un antiguo partido que resultó de la escisión sufrida en 2002 por el antiguo Movimiento al Socialismo (MAS) y que adoptó el nombre de Podemos, un acrónimo de POr la DEMOcracia Social.

La Ley de Financiación de Partidos Políticos dice en su Artículo 7. 2: «Los partidos no podrán aceptar ninguna forma de financiación por parte de gobiernos y organismos, entidades o empresas públicas extranjeras o de empresas relacionadas directa o indirectamente con los mismos».

Pablo Iglesias explicaba a sus fieles durante una charla que impartió en Zaragoza en marzo de 2013 que Irán patrocinaba su programa televisivo Fort Apache. Acabaría pagándole hasta su teléfono móvil. Él lo explicaba así: «A los iranís (sic) les interesa que se difunda en América Latina y en España un discurso de izquierdas porque afecta a sus adversarios. ¿Lo aprovechamos o no lo aprovechamos? (…) Las mujeres que trabajan en HispanTV tienen que salir con un pañuelo que les rodea la cabeza. ¿A mí me gusta eso? No, no me gusta. ¿Es ese un motivo para que digamos: ‘No, entonces no trabajamos en esa cadena’? No, creo que es más efectivo lo que estamos haciendo». Como es obvio, el mismo argumento sirve para relativizar los ahorcamientos de homosexuales y las lapidaciones de adúlteras.

Lo mismo le pasa a Pedro. ¿Le gusta a él esto? No, no le gusta. Tampoco las alusiones a la cal y Glez. ¿Es ese un motivo para no sentarse a negociar mañana? No, es más efectivo lo que está haciendo, cabalgar contradicciones. Ahora imaginen a un podemita estableciendo distingos entre la FAES y el PP. Aunque sí los haya.

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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