La moral y la dignidad de las víctimas

El Mundo del País Vasco, sábado, 9-4-2016

El Gobierno vasco presentaba ayer en San Sebastián un estudio de aproximación al dolor de las víctimas, “Informe sobre la injusticia padecida por las personas amenazadas por ETA (1990-2011). El mandante ha sido el secretario de Paz y Convivencia, Jonan Fernández, y la elaboración ha corrido a cargo del Instituto de Derechos Humanos Pedro Arrupe de la Universidad de Deusto.

El criterio define a los amenazados en función de que llevaran escolta. El informe contempla a 3.300, cuantificados minuciosamente en función del tiempo que necesitaron protección. Algunos la llevaron durante los veinte años que abarca el estudio.

El problema no está en las cifras, sino en la metodología. Sólo figuran los escoltados por el Gobierno vasco. ¿No estaban amenazados López de Lacalle y Pagaza, que no llevaban escolta? Y las conclusiones: “Es preciso ofrecer a estas personas una rehabilitación social y moral, restituir el valor y la dignidad arrebatada o puesta en cuestión”. Vayamos por partes. No hay rehabilitación moral que reivindicar para las víctimas, ni dignidad que deba serles restituida. En toda esta tragedia no hay posición moral más inatacable que la suya, no hay dignidad que restituirles. Ayunos de dignidad y de moral, los terroristas, no sus víctimas.

Sí puede hablarse de rehabilitación social. Algo tengo escrito contra la idea tan defendida de la reinserción social de los terroristas presos. No hay motivo. A quien debe rehabilitarse socialmente es a las víctimas, porque sus victimarios han estado durante todo este tiempo perfectamente integrados en su entorno social, que les recibe con festejos en sus pueblos cuando salen de la cárcel. El problema está en una sociedad enferma, la vasca

Ayer se cumplieron 40 años de la madrugada en que apareció el cadáver del empresario de Elgoibar Ángel Berazadi, director gerente de Sigma, secuestrado por ETA diez días antes. Berazadi era nacionalista y el PNV echó el resto, enviando a negociar a dos veteranos jelkides habituados a moverse en ambientes filoetarras: Mikel Isasi, consejero del Gobierno Vasco en el exilio y Gorka Agirre, mano derecha de Arzalluz por aquel entonces. Su interlocutor etarra es hoy un ejemplar militante de Sortu, Eugenio Etxebeste, ‘Antton’. Dijo que ETA exigía 200 millones de pesetas por su puesta en libertad. En la madrugada del día 8, una pareja de novios encontró el cadáver, que llevaba puestas gafas de soldador y tenía un disparo en la cabeza. Allí cerca estaba el zulo en el que tres años más tarde un vecino de Elgoibar, Arnaldo Otegi, mantendría secuestrado durante diez días al director de Michelin, Luis Abaitua.

Angel Berazadi fue asesinado. ‘Apala’, sancionó el fracaso de las negociaciones: “Tiradlo a la basura”. Su mujer y sus seis hijos se fueron de Euskadi a los pocos días. Ayer se presentó un informe cuyas conclusiones prescriben que sus victimarios “deben manifestar con rotundidad su compromiso de reconciliación” así como el de no repetir los errores cometidos. No sé yo si los hermanos Berazadi Estarta tendrán interés en que les ofrezcan reconciliación Antton y Apala. Ni su compromiso de no repetir; ellos no tienen otro padre.

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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