Muchas cuerdas para Soria

Demasiadas firmas, demasiadas sociedades, demasiadas versiones de unos mismos hechos. Muchas cuerdas para un violín, habría titulado esta comedia de enredo Pietro Germi, en las que el ministro en funciones de Industria ha ido enredándose hasta ahorcarse con ellas.

Primero fue un error que le llevó a aparecer como administrador en una empresa offshore en la que debería figurar como tal su hermano. Luego resultó que la sociedad citada era propiedad de su padre y que el ministro aparecía como administrador entre 1991 y 1997, de lo que él, al parecer, se enteró en la misma mañana del martes. Al día siguiente pudimos comprobar que el extremo que él decía desconocer iba acreditado con su firma en el Registro del Reino Unido.

Para no haber tenido ningún vínculo con UK Lines Ltd, Soria tenía dos firmas de más. La primera, cuando fue nombrado secretario de la sociedad tras el fallecimiento de su padre, cosa natural si bien se mira. El fallecimiento de un padre, del propio, se entiende, es un trance definitivo que viene a ponerte en primera línea para el hecho biológico y no está uno para saber qué es lo que firma en semejante tesitura.

Luego, lo que pasa es que siete meses después vuelve a firmar el acta anual de la sociedad, y ese es mucho plazo de tiempo como para poder acogerlo también al despiste que produce el duelo. Para terminar de rematar la historia, el Soria en funciones también ha ocultado que en compañía de su hermano Luis fue administrador de la compañía Mechanical Trading Ltd., constituida en 1993 en la isla de Jersey, paraíso fiscal donde los haya.

El presidente evitó responder hasta en tres ocasiones las preguntas de los periodistas relativas a su ministro y si eso le pasa a un presidente cabe pensar en cuántas respuestas le faltarán al todavía ministro el lunes en que tiene anunciada su comparecencia para explicarse sobre el tema. Algo hacía pensar que la cosa no iba bien cuando el mismo lunes se hicieron públicas las primeras peticiones. El ministro se acogió a la cláusula de escaqueo que el partido del Gobierno invocó para que el presidente se negara a dar explicaciones a un Congreso que no le había elegido.

En una lógica elemental, parece que esa circunstancia debería ser una razón añadida para que el jefe del Ejecutivo diera más explicaciones, precisamente por carecer de legitimación previa por el Legislativo. Estamos hablando del presidente, que es el único cargo del Gobierno que se ha sometido a investidura, ese trámite en el que ha brillado con tanta donosura el joven Sánchez, suspendiendo en dos ocasiones.

Pero los ministros son nombrados por el presidente. Alguien debió de hacerle ver a Soria que se había acogido a un razonamiento cazurro y el ministro comparecerá para explicarse como pueda. Lo tendrá difícil. Tal como están las cosas, sería todo más fácil si presentara su dimisión cuanto antes, antes incluso de llegar al verdadero meollo de los papeles. Sólo por mentir. O por la desmemoria.

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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