La regeneración era esto

El juez Pedraz ha calificado en su auto de organización criminal la que habían constituido Luis Pineda y Miguel Bernad, al frente de la organización Ausbanc y el sindicato justiciero Manos Limpias, que se habían concertado para extorsionar a personas contra las que ejercían como acusación popular. Si modulas, retiramos la acusación; si no, tú verás.

Así consiguieron un millón de euros de Unicaja, amenazando a su presidente con el caso de los ERE. El que ha llevado a Pineda y Bernad a Soto del Real es el asunto Nóos, que tiene a la Infanta Cristina sentada en el banquillo. Su defensa recibió la petición de tres millones por los gastos, a cambio de «plegar velas».

Todo hace pensar que si se hubieran entregado los tres millones no habrían presentado acusación contra la hermana del Rey y el juez Castro no habría podido dictar aquel memorable auto del 23 de diciembre de 2014, por el que los españoles nos enteramos de que Cristina de Borbón era procesada el mismo día en que su hermano Felipe nos dirigía su primer discurso de Navidad como Rey, como si el juez no hubiera tenido más días; después de todo, como decía Billy Wilder, las casualidades sólo caben en el primer cuarto de hora de las películas.

Uno, que nunca había creído que nuestra Blue Jasmine debía ser procesada, encontró curiosa la complacencia de la opinión pública por el papel de Manos Limpias en el caso. A decir verdad, también halló algo raro en el nombre del sindicato, un juego de inversión parecido al de llamar hombre de paz a Arnaldo Otegi, aunque el concepto debiera su copyright al camarada Pakito, Francisco Mujika Garmendia: «ETA es una organización que lucha para conseguir la paz».

Manos Limpias alcanzó notoriedad al ejercer la acusación contra Juan Maria Atutxa por desobedecer la orden del Supremo de disolver el grupo Sozialista Abertzaleak y, muy señaladamente, por haber ejercido la acusación contra el entonces juez Baltasar Garzón.

La prensa socialdemócrata y el progresismo nacional descalificaron la operación por ser Manos Limpias un sindicato de extrema derecha, lo cual era cierto a juzgar por los antecedentes políticos de Bernad, militante de Fuerza Nueva en el pasado. Lo que no parece comprobado es que sometieran a Garzón ni a Atutxa al mismo chantaje que pretendían con la Infanta. Sin embargo, su actuación acusatoria contra ésta no ha recibido el menor reproche de nuestra izquierda. Y aquí sí había delito.

Hay una cierta justicia poética en el hecho de que la regeneración de nuestra vida pública esté en manos de chantajistas. Falta algún juez. Bueno, perdón, el ex Garzón sometió a alguno de sus imputados a análoga petición de fondos para financiar sus cursos en la universidad de Nueva York, tal como descubrió un excelente trabajo de María Peral en estas páginas. Eso sí, con más estilo. Las cartas de petición empezaban con un cariñoso «Querido Emilio» y bajo la firma, un recordatorio expresado de manera muy sutil: «Magistrado-juez de la Audiencia Nacional».

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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