Algo de epistemología

Algunos periodistas a los que respeto se han mostrado contrarios al plante de los colegas a Pablo Iglesias: Carlos Alsina y Arcadi Espada, por ejemplo.

Cada vez que a Pablo de Torso –genial subrayado de mi amigo Luigi a su hipermasculinidad– le asoma el bichito totalitario o faltón, hay junto a él un/a majadero/a que se ríe: la que se despepitaba cuando él llamaba «tooonto» y «subnormal», al pobre Carmona en mayo de 2015. El chaval del jueves pasado en la Complutense, mientras galleaba contra la prensa en general y EL MUNDO y Álvaro Carvajal en particular.

Al día siguiente se excusó por partida doble, en Twitter, y en Pamplona: «Ayer me equivoqué, y cuando alguien se equivoca está bien reconocerlo y asumirlo». Ha pedido disculpas y ha dicho que lo siente, pero es sólo atrición. Lo que siente no son sus palabras, sino las consecuencias negativas para él: el plante.

Un suponer, lo de Álvaro y EL MUNDO, diario en el que tiene al menos tantos columnistas simpatizantes como críticos. O tenía. Aquí empezó a llamársele simplemente Pablo, como a Fidel, como a Felipe. Hay quien ha confesado haberlo votado y hasta quien le considera intelectual. Me temo que algunos de sus fans van a recapacitar.

¿Por qué establece este pollo diferencia entre el espacio universitario y la rueda de prensa? En los dos ámbitos se comporta igual, con un narcisismo que le impide comprender resignadamente que no podemos gustarle a todo el mundo, sin necesidad de que todo el mundo tenga móviles espurios. El pasado 22 de enero resolvió una pregunta incómoda de la periodista de El Español, Ana Romero, aludiendo al abrigo de piel que llevaba puesto, como si todo el mundo tuviera que vestir Alcampo. Nadie protestó y él no le pidió disculpas.

Los periodistas que plantaron al macarrilla sietemachos no defendían una posición personal, tal vez sólo un principio de dignidad. Herri Batasuna convocaba ruedas de prensa en el lugar donde vivo y ejerzo con el mismo objetivo que Podemos: no para informar, sino hacer valoraciones e impartir doctrina. Un día requisaron a los periodistas las grabadoras para que no pudieran incriminarlos. «Y todos aceptamos la humillación», me contaba una periodista de El País, indignada. Yo, Arcadi, prefiero este modelo.

El plante de los periodistas no fue una cuestión personal, ni siquiera de negocios. Tiene que ver con la reivindicación que Dutton Peabody, director, redactor y barrendero del ShinboneStar le hace a Stoddart cuando éste se lo encuentra malherido después de recibir una paliza: «Le he explicado a ese Liberty Valance lo que es la libertad de prensa».

¿Por qué vamos a afearle que no distinga entre Einstein y Newton y sólo le suene vagamente Kant a un tipo con tantas lagunas sobre las materias de su oficio? Hace dos años en La Tuerka: «La democracia es incompatible con el monopolio de la violencia por parte del Estado, que inventó el absolutismo europeo». No sólo no es incompatible, es su condición, lo definió Max Weber en la Universidad de Múnich en 1919, rematando a Hobbes y Locke. Y este tipo se lo empluma al absolutismo europeo. Doctor en Ciencias Políticas, hay que joderse.

Ramón Cotarelo, su profesor en la Complutense, ha dicho de él: «¿Va quedando claro que este hombre además de narcisista y prepotente es tonto?». No sabría yo qué decirle: Sí a lo primero. Respecto a lo segundo tengo mis dudas. Depende de con quién se le compare. Él se mueve entre el joven Sánchez y mamá Bescansa. Pero en fin, Cotarelo lo conoce mejor y desde antiguo; él sabrá.

Anuncios

Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
Esta entrada fue publicada en Sin categoría. Guarda el enlace permanente.