Es que no vale

Pedro Sánchez protagonizaba ayer una entrevista en estas páginas. Una gran entrevista, diría yo, no porque las respuestas dieran luz sobre los hechos, sino porque ayudaba a entender la personalidad del entrevistado en toda su inanidad intelectual y política.

Al joven Sánchez le pasa lo que al personaje de Katharine Hepburn en La fiera de mi niña: era imposible entender lo que pasaba mientras ella se empeñara en explicarlo. Desiste Chacón de encabezar la lista por Barcelona y a él se le descuadra la de Madrid, ya que su número dos, Meritxell Batet va a cubrir el hueco y eso le parece «una oportunidad para mejorar el resultado en una provincia prioritaria para el PSOE». Pero es que además, su número cuatro, Irene Lozano, también se va y digo yo que si hay una provincia prioritaria en unas generales, más que Barcelona, es Madrid.

Madrid fue socialista en nuestras cuatro primeras elecciones, entre 1977 y 1986. En las ocho siguientes, desde 1989, el partido más votado fue el PP. Los socialistas fueron segundos, incluso en la debacle de 2011. Hasta que llegó Pedro y constituyó un ticket imbatible con Meritxell, su solución para Barcelona. Quedaron los cuartos. Él está convencido de que la derrota es una oportunidad de victoria. Como si el capitán del Titanic viera en el iceberg una oportunidad para enmendar el rumbo y no la catástrofe

No cree que la marcha de Lozano sea un inconveniente. Él la fichó para una lista que suponía ganadora, o cuando menos para hacer podio y resultó que no. Los 10 escaños de Rubalcaba y la doblemente titulada Valenciano de pareja, se quedaron en seis con Pedro y Meritxell. Y eso después de una destrucción de voto del PP que perdió 63 escaños en la legislatura. Qué bárbaros.

Lucía Méndez publicaba ayer una razonable hipótesis de cómo podría haberse arreglado esto si nuestros políticos fueran inteligentes. Me conformaré con hacer un análisis más simple, sometido a una sola restricción: que Pedro no fuera tan negado para su oficio, ceteris paribus, que quiere decir que los demás fueran tal cual. El joven Sánchez se reúne con el Comité Federal y confiesa su fracaso. Nunca ningún candidato socialista había hecho un papelón semejante. Descartemos la gran coalición, porque Pedro dice que Rajoy no es Merkel, como si él fuera Sigmar Gabriel.

Él sabe que con 90 escaños no se puede y admite como lógico que lo intente quien ha sacado 33 escaños más, que él no va a ejercer su capacidad de bloqueo. Nuestra oportunidad es que tendríamos al Gobierno cogido por salva sea la parte. Rajoy sólo aprobará lo que yo quiera aprobarle en una legislatura que no va a llegar a término y que acabará llevándonos a La Moncloa en volandas.

Patxi López pudo recordarle una anécdota de cuando él fue lehendakari gracias al PP en 2009. Juan José Ibarretxe anunció que «el PNV seguirá gobernando desde la oposición» y fue profético. Zapatero negoció las competencias, no con el Gobierno vasco de Patxi López, sino con el partido de la oposición, el PNV, a cambio de que le aprobara los presupuestos.

Se empeñó en apostar por lo improbable y así salió. Cree que Iglesias no le dará el sorpasso, porque cinco más uno no son seis (forzosamente, debió matizar) y que él puede ganar porque ni Pablo ni don Mariano han entendido el mensaje de sus votantes. No tiene propósito de la enmienda, tal vez tampoco tenga ocasión, ya lo tengo escrito: me temo que este chico no vale. En los viejos tiempos, en los que el PSOE era el primer partido de Madrid se diría de alguien como él: «¿Ese? Ni puta idea de política».

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Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
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