Doctora por Podemos

El Mundo, 25-5-16

Las juezas venezolanas son de armas tomar. Sólo daré dos nombres. El de Susana Barreiro, que condenó a Leopoldo López a 13 años y nueve meses de prisión por su participación en las manifestaciones de protesta de 2014 contra Nicolás Maduro. El fiscal del caso, Franklin Nieves, huyó y declaró que el 100% de las pruebas contra López eran falsas y que los testigos también fueron falsos porque fueron obligados a declarar como ellos querían.

La juez Barreiro no se consideró cuestionada por la confesión del fiscal. La presidenta del Supremo, Gladys Mª Gutiérrez, tampoco pensó que el asunto fuera con ella. Tiene un largo historial de servicios a la Revolución. Ya como presidenta del Supremo ha sido el brazo judicial de Nicolás Maduro para limitar al Parlamento su capacidad de controlar al Ejecutivo desde que la oposición ganó las elecciones legislativas de 2015. Tumbó la Ley de Amnistía junto a otras 15 resoluciones de la Asamblea que cuestionaban la voluntad de Nicolás Maduro.

Ella tiene un pasado en España, donde hizo carrera diplomática. De consejera a cónsul en un año y, en dos más, embajadora. En 2006 volvió a Caracas para ser procuradora general e intervenir en la reforma de la Constitución. Ella redactó el artículo que rompía la limitación de mandatos, para que Chávez pudiera perpetuarse en el poder. Volvería después a España, donde sus amigos de Unidos y Unidas Podemos y Pamemas le prepararon un tribunal ad hoc en la Universidad de Zaragoza.

Su director de tesis, Francisco Palacios, fue asesor de Chávez para asuntos jurídicos. En la universidad española las cosas son así: el director de la tesis elige un tribunal conveniente y éste califica a la doctoranda o al doctorando como apta o apto cum laude. En el tribunal que doctoró a Gladys estaban, oh, sorpresa, Monedero y el catedrático Pérez Collados, que optó a la dirección de Podemos en Aragón, recibiendo 124 votos que le auparon a una discreta, pero honrosa, plaza 76. Hay quien se casa por poderes y quien se doctora por Podemos.

Bueno, ya habíamos visto el enjuague del niño de la beca, que hace dos años y medio ponderaba las colas en una entrevista con El Correo del Orinoco, ese río que le fluía a Monedero por las carúnculas. Las colas eran un triunfo de la Revolución, que había aumentado la capacidad de consumo de la gente. El reconocido jurista Alberto Garzón cree de buena fe que España es una dictadura con presos políticos y Venezuela una democracia que sólo encarcela a terroristas y golpistas.

Todos ellos, con Pablo al frente, preguntan por qué tanto interés por Venezuela. Muy sencillamente: porque ese es el retrato de su indignidad y su incompetencia. Y el de la nuestra, que estamos empezando a recorrer un camino que los venezolanos desandan. No está de más que nos asomemos a la revolución que ellos ayudaron a crear. Seis millones de votos, cuánto imbécil. A la universidad española habría que ponerle un cartel, un anuncio de lo que hay: «Se expenden títulos bolivarianos» o, alternativamente, «se cogen puntos de medias».

Anuncios

Acerca de Santiago González

Periodista. Columnista de El Mundo. Ha publicado "Un mosaico vasco" (2001), "Palabra de vasco. La parla imprecisa del soberanismo" (2004), "Lágrimas socialdemócratas. El desparrame sentimental del zapaterismo" (2011) y "Artículos 1993 - 2008" (2012). Premio de Periodismo El Correo 2003.
Esta entrada fue publicada en Sin categoría. Guarda el enlace permanente.